martes, 10 de febrero de 2015

FRAGMENTO DE "LAS AVENTURAS DE PINOCHO"

Hola a todos.
Me imagino que todos conocéis la historia de Pinocho. Walt Disney la popularizó en el año 1940 con su película clásica, donde nos narraba la historia de Pinocho, un niño hecho de madera que Gepetto construye y cuya afición a decir mentiras le lleva a que le crezca la nariz.
El final es de sobra conocido: Pinocho se convierte en un niño de verdad después de diversas peripecias.
Su autor es el escritor italiano Carlo Collodi. Se trata de un relato que por su extensión bien podría ser una novela corta o bien podría ser un cuento largo. En su origen se tituló Historia de un títere y vio la luz entre los años 1882 y 1883 por entregas en un periódico italiano.
Disney hizo una adaptación cinematográfica mucho más light de la obra de Collodi. En el cuento, lo que vive Pinocho a raíz de sus malos actos es de pura pesadilla. Se encuentra con una niña que resulta que está muerta. Le meten en la cárcel. Le roban. Pasa verdaderas calamidades. Llegan a enterrarle vivo.
En la versión original, Pinocho termina siendo ahorcado por sus actos, pero el editor de Collodi insistió en hacer más extensa la obra y darle un final feliz.
La idea de Collodi no era escribir un cuento infantil, sino una historia mucho más cruda y mucho más adulta.
Os dejo con un fragmento de esta inmortal historia. A pesar de todo, hay momentos del cuento en el que se conserva la dureza con la que quiso escribirlo Collodi.

Sí, me refiero a ti, pobre Pinocho, que eres tan ingenuo que crees que el dinero se puede sembrar y recoger en los campos como se siembran las habichuelas y las calabazas. También yo lo creí en tiempos y ahora sufro las consecuencias. Hoy, ¡pero demasiado tarde!, me he persuadido de que, para reunir honestamente un poco de dinero, es preciso saberlo ganar con el TRABAJO de las propias manos o con el ingenio de la propia cabeza”.

 Dibujo de Pinocho.

lunes, 9 de febrero de 2015

INVITACIÓN A LA REFLEXIÓN: "JUAN SIN PIERNAS" DE JORGE BUCAY

Hola a todos.
Navegando por Internet, he encontrado en Youtube esta versión del terapeuta y escritor argentino Jorge Bucay.
Todos los cuentos que ha escrito son una clara invitación a la reflexión sobre cómo hemos de afrontar la vida y los obstáculos que se nos cruzan en ella.
El cuento que hoy os traigo se titula Juan Sinpiernas. Para mí, a pesar de estar narrado con el estilo sencillo y ameno que caracteriza a Jorge Bucay, es uno de los relatos más crudos que jamás he leído, sobrecogedor e inquietante. .
Esta versión en Youtube nos invita a ello. A que reflexionemos sobre cómo hemos de enfrentarnos a los obstáculos. ¿Perdemos la cabeza? ¿Nos dejamos vencer? ¿O hemos de ser más fuertes?
Juzgad vosotros mismos.




viernes, 23 de enero de 2015

MI FANFIC DE "SOMBRA Y ESTRELLA"

Hola a todos.
Hace algún tiempo que leí la que muchos consideran una de las mejores novelas de Laura Kinsale, Sombra y estrella. 
Aún a riesgo de ser criticada, me pareció que Samuel, el protagonista, debió de haber terminado con lady Kai, la hija de sus protectores, en vez de con Leda. Personalmente, hasta muy el final, no se veía a Samuel muy enamorado de Leda que digamos. Existía un deseo físico hacia ella, pero no le vi demasiado enamorado. Entre él y Leda no se establecía ninguna señal de confianza. No le veía demasiado cariño. No le veía química. En cambio, con lady Kai sí que le veía mucha química.
Mi mayor deseo es ponerme en cuanto pueda a escribir un fanfic de esta novela. Es algo que tengo en mente desde hace tiempo, pero no me animaba a escribirlo.
Aquí os dejo con el argumento.
En una isla de Hawai, a finales del siglo XIX, viven los marqueses de Ashland en compañía de sus dos hijos, Robert y Catherine, a la que todos llaman cariñosamente Kai. Samuel, el protegido de los marqueses, ha contraído matrimonio con la joven Leda Etoile. Kai, por su parte, tiene un brillante porvenir. Tras adoptar al pequeño Tommy, va a casarse con su prometido, el gallardo lord Hale. Sin embargo, la desgracia se ceba sobre ella cuando Tommy fallece inesperadamente y lord Hale decide romper el compromiso. El matrimonio de Samuel y Leda empieza a ir mal debido a la falta de hijos. Samuel busca consuelo en la que él considera como una hermana pequeña, Kai. Sin embargo, un beso entre ambos lo cambiará todo.
Vienen de mundos distintos. Y Samuel es un hombre casado.
¿Tendrá futuro su relación?
Y así es como me imagino yo a esta sufrida pareja:

domingo, 11 de enero de 2015

HISTORIA DE UN ESPEJO

Hola a todos.
Y aquí llega el desenlace de mi relato Historia de un espejo. 
Espero de corazón que os haya gustado.
¡Vamos a ver lo que pasa hoy!

                               Los siglos han pasado sin darme apenas yo cuenta. Se han producido algunas grietas en mi cristal.
                               No me he roto, por suerte. Dicen que romper un espejo acarrea siete años de mala suerte a quien lo rompe. Pero acabaré rompiéndome.
                              He pasado por las manos de muchas mujeres. Se han visto reflejadas en mí.
                              Yo les he hecho ver cuál eran sus defectos. Les he cantado las alabanzas acerca de sus virtudes.
                               Mujeres de todo tipo han buscado su rostro en mi cristal. Y yo he hablado con ellas.
                              He intentado ser de gran ayuda. A través de mi cristal, he presenciado toda clase de escenas.
                              Dicen que soy un ser inanimado. Dicen que los espejos carecen de alma y de sentimientos. Pero yo os puedo asegurar que eso es falso. He podido vivir. He podido sentir. Y todo eso lo he logrado a través de mis dueñas.
                             Talía fue la que me enseñó a sentir. Ella no se dio cuenta nunca. Pero me hizo un gran favor cuando se enamoró de Set.
                            Ahora, es otra joven la que me ha comprado. He terminado en un rastrillo benéfico. La joven estaba paseando por allí. Y me compró.
                            Reaccionó con cierto cinismo cuando me escuchó hablar por primera vez. La época de los hechizos ha pasado a la Historia. Ahora, la gente se comunica a través de algo que se llama redes sociales. 
                           Pero, por algún motivo, yo sigo aquí. Cuando esa joven quiera, se verá reflejada en mi cristal. Yo podré hablar con ella. Y recordarle cuán maravillosa es.



                              Ella me escuchará. Y acabará dándose cuenta de lo valiosa que es. Tendrá que darme la razón. Como lo han hecho las otras. Porque es verdad que todas las mujeres que han sido mis dueñas eran maravillosas. Y sólo yo lo veía. Sólo ellas lo saben.

FIN

sábado, 10 de enero de 2015

HISTORIA DE UN ESPEJO

Hola a todos.
Hoy, subo el penúltimo fragmento de este relato tan atípico.
Es bastante corto, pero, aún así, deseo de corazón que os esté gustando.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                             Finalmente, ha ocurrido.
                            Fue sin apenas darme yo cuenta. Un patricio se acercó al puesto de Talía. Se fijó en mí y decidió comprarme.
-Quiero un espejo-dijo aquel hombre al que yo no había visto nunca.
-Bueno, ha venido al lugar adecuado-afirmó Talía con una sonrisa deslumbrante-Puede admirar los espejos que hay aquí.
-Son todos muy bonitos.
-¿Y qué clase de espejo desea?
-Deseo un espejo de mano. Para regalárselo a mi mujer.
-¿Qué le parece este espejo?
-Es muy bonito.
-Es un espejo muy especial. Se lo puedo asegurar.
                            Ese espejo tan especial era yo.
                            Ocurrió todo tan deprisa que ni siquiera tuve tiempo de asumir lo que estaba pasando.
                            Creo que no sabía lo que esperaba. ¿Lágrimas por parte de Talía?
                            No me dio tiempo a despedirme de nadie.
                            Aquel patricio pagó el precio que yo costaba.
                            ¡Fui vendido como un vulgar objeto!
                            Cuando quise darme cuenta, ya iba cogido de su mano. Me llevaba boca abajo. Quise protestar.
                            Quise llamar a gritos a Talía. Pero estaba haciendo aquello para lo que fui creado. Ser un espejo. ¡Era un vulgar espejo!
                           Pero yo podía hablar. Podía hablarle a aquella mujer. No sabía cómo era. Pero sí sabía que se vería reflejada en mí. Sólo era un simple espejo con el don de hablar y de dar su opinión.
                          En cierto modo, no era tan vulgar como pensaba. Además, era ya consciente de una de las mayores perdiciones del ser humano. La lujuria...Si bien todavía no conocía a nadie que se hubiese perdido por culpa de la lujuria. ¿Talía y Set? No lo creo.

viernes, 9 de enero de 2015

HISTORIA DE UN ESPEJO

Hola a todos.
Aquí un nuevo fragmento de mi relato Historia de un espejo. 
¡Ya falta menos para que conozcamos el desenlace!
¡Vamos a ver lo que ocurre hoy!

                         Yo solía dormir en la habitación de Talía, encima de su mesilla de noche. Ya era evidente en aquella época que Set y ella mantenían un romance. Sin darme yo apenas cuenta, se habían convertido en amantes.
                         Pasaban muchas noches el uno en brazos del otro.
                         Mi cristal recogió la imagen de ellos dos compartiendo lecho. Los vi desnudos y, al principio, no entendía aquel lío de brazos y de piernas entrelazadas.    
                       Les veía, a continuación, quedarse dormidos. Set era el que acudía al encuentro con Talía.
-Le diré a mi tío que deseo desposarte-le decía-Ya no me importa nada que no sea estar cerca de ti.
                      Lo que Set y Talía sentían era amor. Yo veía de verdad amor reflejado en los rostros de ambos.
                       Se abrazaban con fuerza.
                       Set se metía en el lecho de Talía. Ella lo recibía ansiosa. Ansiosa de recibir sus caricias. Las caricias que sus manos le brindaban.
-No lo entenderá-se lamentaba ella-Dirá que sólo puedes tenerme como amante. Yo quiero ser algo más que eso.          
                           Los dos pasaban la mitad de la noche amándose el uno al otro. Se besaban apasionadamente en los labios. El uno lamía el cuerpo del otro. Se estremecían. O yo veía cómo se estremecían.
                           Sé que disfrutaban. Cuando Set besaba el cuello de Talía con sensualidad. Cuando estaban juntos. Cuando Set tomaba entre sus brazos a Talía.

jueves, 8 de enero de 2015

HISTORIA DE UN ESPEJO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Historia de un espejo. 
Faltan, contando éste, cuatro fragmentos para terminar. Y quiero que subir un fragmento diario.
Os invito a que sigáis leyendo esta historia tan curiosa.

                            Pasó algún tiempo hasta que fui vendido.
            A falta de tener una dueña que se mirase en mí, era Talía la que cumplía con aquel menester, por lo que, incluso en pleno mercado, me cogía para ver su rostro reflejado en mi cristal y, claro, me elevaba por los aires. Era el peor momento del día, pues temía que me soltase; acabaría por el suelo, el cristal se rompería y, entonces... En fin, el caso era que no podía tener el privilegio de sudar ni de vomitar, pero sí podía morirme de miedo, que lo único que podía hacer. Aunque, reconozco que valía la pena el mal rato. Talía era una mujer muy hermosa y, en algunos momentos, deseaba ser un espejo grande para que su cuerpo, digno de Venus, se viese reflejado en mí, tal y como se lo merecía. Creo que la primera mujer en mi vida a la que deseé fue a Talía.
            Deseaba ser el encargado de espantar a las moscas que venían a atosigarla cuando estaba en su puesto. Deseaba ser aquel gatito negro que se acurrucaba en sus pies y que le ronroneaba con dulzura. Deseaba ser uno de los pajarillos que se acercaban a comer del pan que ella le echaba para pasar el rato hasta que se acercaba algún cliente.
            Todos los días, ponía su puesto de las primeras y se sentaba en una silla a esperar la llegada de la gente. El mercado siempre estaba lleno de personas que iban decididas a comprar. Había un joven, de unos veinte años, que se ponía tocar la lira en mitad del mercado.
            Era muy conocido por allí. Confieso que me cayó bien.
            Era bastante sociable. Se relacionaba con todo el mundo. Siempre estaba riendo.
Se llamaba Set y era sobrino del Emperador. Lo hacía por gusto. Tenía una voz preciosa, pese a que se notaba que era patricio, y era la mascota de los comerciantes.
Un joven extraño…Pero a Talía le llamó la atención. Una curiosa relación se desarrolló entre ellos.
 Siempre se ponía a tocar la lira al lado del puesto de Talía. Recitaba poemas de un tal Ovidio con la lira con una maestría que me llegaba al alma. La gente se paraba sólo por el deleite de escucharle cantar. Me consta que le lanzaban monedas, creyendo que era un mendigo, pese a que sus ropas no eran pobres: vestía una túnica marrón de corte elegante que dejaba al descubierto sus piernas y parte de los muslos. Set devolvía las monedas entre risas y guiños. El personal ya no se extrañaba. ¿Cómo hacerlo viviendo en un sitio como Roma?
            Me encariñé con Set. Deseé convertirme en él. Quería que mi espíritu se encarnara en su cuerpo... ¿No hay un dicho que dice: “Ten cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad?” Algo parecido iba a pasarme con Set. El único problema era que ambos no lo sabíamos.
            Set se quedaba a comer con Talía. Ella solía traer ensaladas de frutas de su casa y la compartía con el niño. Mientras comían, hablaban de sus cosas. Otras veces, callaban. Simplemente, disfrutaban de su compañía.
- Me siento más a gusto en tu compañía que el Palacio, con mis padres y mis tíos.
- Y yo soy feliz cuando estoy contigo. Eres un niño muy especial.
- Le pediré al tío Constantino que no te haga daño si se enfada sólo porque no eres cristiana.
-¡Qué encanto!
- Mi padre dice que, como el tío Constantino es cristiano, debemos todos convertirnos, aunque sólo sea por darle el gusto a él y a la abuela Helena.
- Debes de obedecer a tu familia.
- Lo sé, pero no me gusta que me digan lo que tengo que hacer y lo que no tengo que hacer; no sé si estoy preparado para dejar de adorar a Júpiter y ponerme a adorar a Cristo, como el tío Constantino y la abuela Helena pretenden que haga.
            Desde mi privilegiada posición de espejo, podía escuchar el ruido que hacían el sobrino del Emperador y la vendedora al masticar la fruta. Sobre todo, las uvas y las naranjas.
Eran tiempos de cambios. Set los sentía. Además de ser sobrino del Emperador, era un niño muy inteligente y se daba cuenta da las cosas. También se daba cuenta del miedo que sentía Talía de acabar en la arena del Coliseo por seguir sus costumbres. Si digo que se respiraba un ambiente de venganza contra los adoradores de los dioses del Olimpo por lo ocurrido siglos antes, sería exagerado, pero así era como sentía el aire que ellos respiraban. Me imagino que Talía y Set sentirían terror ante lo que estaba pasando a su alrededor, pero Talía se mantenía fiel a sus costumbres, pese a todo. En aquel sentido, se parecía mucho a Sura, que siempre se había mantenido fiel a sus ideales, pese a todo lo que había vivido. Y la quería por ello.
De vez en cuando, pasaba por allí algún guardia del Emperador. Pero lo hacía más por vigilar a Set que por espiar a Talía.
Recuerdo una conversación que compartieron Set y Talía mientras comían ensalada de fruta en el mercado un mediodía bastante caluroso:
- A veces, he llegado a creer que eres más feliz estando conmigo en este puesto que en el Palacio, con tus padres- dijo Talía- Eso me llama la atención, porque te están criando para que ocupes un buen puesto en el Senado. ¿Lo sabías?
- Lo sé- replicó Set- Y pienso que todos los miembros del Senado son unos manipuladores que desean gobernar el Imperio.
- Como todos. Dime tú si conoces a alguien que no desea ocupar el puesto de tu tío. Cariño, ya sean ellos paganos o cristianos, todos los seres humanos deseamos gobernar a nuestros semejantes y tener poder.
            Talía se había fijado en el brillo de los ojos de Set cuando los tenía puestos en ella, por encima de su plato de madera mientras comían. Era increíble la relación que había entre ellos. Como si fueran ellos madre e hijo. Cuando Set tenía que irse, había lágrimas en los ojos en el momento de despedirse de Talía. Solían despedirse con un abrazo. Ella le daba un beso en la frente o se lo daba él a ella en la mejilla. Sus conversaciones, por lo general, iban de temas trascendentales a alegres charlas sobre tonterías. Había una gran comunicación entre ellos que, lo confieso, envidiaba. No, no eran madre e hijo. Pero no necesitaban esa clase de lazos para estar juntos y ser felices.
            Me fijé en que, durante el almuerzo, Talía no dejaba de mirar por encima del puesto a la espera de algún cliente. Se me antojó que bebía del vino que se había echado en su vaso de barro demasiado rápido. Pero eran pocos los que se acercaban a comprar espejos. Los cristianos tenían (y tienen) fama de ser modestos. La mitad de Roma era cristiana. Talía se desesperaba al ver que los clientes potenciales no se fijaban en nosotros. Quizás, temían ir al Infierno si compraban a uno de nosotros. Yo lo sentía mucho por Talía.