lunes, 28 de diciembre de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi blog novela Ecos del pasado. 
Sigue avanzando la relación entre Melinda y Martin. Por el contrario, Charlotte y Alexander están cada vez más alejados.
¡Veamos qué ocurre!

                               Era ya algo oficial. Martin quería hacer oficial que iba a casarse con Melinda.
                               Así se lo comunicó una tarde a Jane cuando ambos estaban en el salón. La joven se quedó perpleja.
                               De algún modo, tenía la sensación de que todo estaba ocurriendo demasiado deprisa.
-No veo la hora de convertir a Mel en mi mujer-le anunció Martin-Quiero que todo el mundo lo sepa. ¡Madre tiene que saberlo!
-Madre sufrirá un soponcio cuando se entere-le advirtió Jane.
-No encontrará nuera mejor que Mel, Janie. ¡Será una magnífica condesa de Moreland! ¿No te parece?
-Sí...
                            Melinda escuchó el rumor una tarde. Estaba visitando a la modista. Mientras miraba unas telas, la aprendiza de la modista le preguntó cuándo iba a casarse con el joven lord Moreland.
                            Martin estaba encantado. Quería organizar una fiesta por todo lo alto para celebrar su compromiso. Visitaba a Melinda todas las tardes.
-Una fiesta...-titubeó la joven cuando Martin le comentó su idea.
-Entiendo que tu prima esté aún de luto por la muerte de su prometido-afirmó el joven conde-No habrá fiesta si no quieres. No quiero ofenderla.
                          Melinda sentía que la cabeza le iba a estallar.
-¿No estás contenta?-le preguntó Martin-¿No te alegras?
                          Melinda guardó silencio porque no sabía qué responderle a aquel joven que se había hecho poco a poco un hueco en su herido corazón.
                         Martin le cogió la mano. Se la besó.
                         Sí, era bastante audaz a la hora de robarle besos. Melinda acababa correspondiendo a esos besos.
                         Le parecía que era suficiente lo que Martin hacía.
                        Quería saber lo que sentiría al estar entre sus brazos.
                        Charlotte estaba contenta porque veía a su prima feliz. En cambio, sentía que no podía ser feliz. Evitaba a Alexander adrede, pero sabía que él se acercaba a su casa sólo para verla a través de una ventana. Deseaba poder ir a su encuentro, pero no se atrevía a dar aquel paso.
                        Martin y Jane acudieron a cenar a la casa de los Stanyon.
                        Melinda se alegró de corazón de ver a su amiga.
                        Jane la besó en las mejillas.
                        La criada sirvió la cena.
                        Dieron cuenta a los postres de un pudin de pan y mantequilla. Jane apenas probó bocado.
-¿Te encuentras bien?-le preguntó Martin.
-Estoy muy bien-respondió Jane.
-Creo que deberías de ver a madre. Ella te echa mucho de menos.
                       Jane se giró hacia Charlotte, quién estaba sentada a su lado.
-¿Tú crees que Melly está cometiendo un error?-le preguntó.
-Yo creo que está enamorada de Martin-respondió Charlotte-¿Acaso piensas lo contrario?
                       Jane suspiró.



-Sólo me preocupa que no sea feliz con mi hermano-contestó Jane-Es un buen chico. Pero...
-¿Qué ocurre?-se inquietó Charlotte.
                       La criada sirvió café tras la cena.
                      Jane conocía la afición de Martin por la ropa.
                       Se había gastado una fuerte suma de dinero en ella.
                     Era el único vicio que se le conocía.
                     En aquel momento, Jane deseó estar de vuelta en el convento. Despreciaba aquel apego a algo tan banal como la ropa. ¡No servía de nada!
-No creo que puedan ser felices juntos-contestó Jane-Tú no conoces a mi hermano.
                     Charlotte miró a Melinda. Suspiró al pensar que su prima no tenía que esconderse de nadie. Podía estar con el hombre al que ella realmente amaba.
                      Su corazón se encogió al recordar a Alexander. Se odiaba a sí misma por amar a aquel canalla. Debía de recordar que era un miserable traidor. Y, sin embargo, si seguía viva era gracias a que él estaba vivo.
                      Echaba de menos el recibir sus besos, tan llenos de amor.
-No creo que tu hermano sea un mal hombre-opinó Charlotte-Yo veo que ama sinceramente a mi prima.

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