miércoles, 2 de diciembre de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un fragmento de mi blog novela Ecos del pasado. 
Es verdad que es una historia que avanza muy, pero que muy despacio. Sinceramente, lo prefiero así. Prefiero escribir siempre que pueda una línea que tenerla abandonada. ¡EldanY, no olvido tu consejo!
Aquí os dejo con otro fragmento en el que la hermana María Ligia se entera de que su hermano está cortejando a su antigua amiga Melinda.
¡Veamos qué ocurre!

                                     La brisa agitó suavemente la falda del hábito de color blanco que solían llevar las novicias.
                                   La hermana María Ligia se encontraba en el jardín del convento. Releyó por cuarta vez la carta que le había escrito su madre.
                                   El recuerdo de su amiga Melinda atravesó su mente.
                                  La recordaba como una joven de larga melena de color dorado.
                                  El pensar en ella le hacía recordar tiempos ya lejanos que no volverían. Le hacía recordar los bailes a los que asistió. Las fiestas a las que estuvo invitada. Sin embargo, no podía evitar recordar las palabras de la servidumbre. Lady Jane jamás podría encontrar marido. No sería aceptada jamás por la aristocracia. Los nobles no querrán convertir en su esposa a la nieta de una furcia. ¡A saber si la madre no ha hecho la calle, como hizo la abuela!
                                   La hermana María Ligia todavía se escribía con Melinda.
                                   Le había escrito una carta a la prima de ésta, Charlotte, dándole el pésame por la inesperada muerte de su prometido. Recordaba a Charlotte como el polo opuesto a Melinda. Su amiga era una joven con mucho carácter que, durante bastante tiempo, solía discutir con su tío, con sir Héctor. Sin embargo, el haber sido abandonada por el hombre del que estaba enamorada había templado su carácter. La hermana María Ligia no tenía una opinión formada sobre Charlotte.
                                  Melinda había sufrido mucho en la vida. Primero, murió su padre cuando ella era muy pequeña. Apenas se acordaba de él.
                                  Luego, falleció su madre y su tío sir Héctor decidió hacerse cargo de ella. Melinda no terminaba de acostumbrarse a la vida que llevaba en aquella isla tan pequeña.
                                 Cuando la joven acudió a Bath, lo hizo en compañía de Jane. Todos los caballeros que conocieron allí quedaron prendados de la belleza de Melinda. De su cabello largo y de color dorado... De sus rasgos delicados y finos...
                               Las dos habían fantaseado con la idea de casarse. Con tener muchos hijos. La hermana María Ligia sabía que, al ingresar en el convento, se había despedido de todos sus sueños.
                             Estuvo a punto de arrugar la carta.
                             Melinda iba a casarse con Martin. No debía de extrañarle. Melinda era una joven realmente hermosa. Martin solía decir que tanto Charlotte como ella parecían dos ángeles.
                              Siempre la ha querido, pensó la hermana María Ligia con tristeza. Ahora, podrán estar juntos.
                              Recordaba las veces que había ido a visitar a Melinda a la casa de su tío. Martin la había acompañado.
                             Solía besar con devoción la mano de Melinda.
                             Debí de haber sospechado algo, pensó la hermana María Ligia.
                             Recordaba a Charlotte como una joven que se comportaba de un modo recatado. Reconocía que le caía bien aquella joven tan comedida. Sin embargo, la amistad que existía entre ellas siempre había sido muy superficial. No tenía nada que ver con la amistad que la había unido a Melinda. Y seguía siendo amiga de ella.
                           A veces, tenía la sensación de que Charlotte no era como decía ser. La hermana María Ligia no quería recordar.
                           Recordaba estar en el salón en compañía de Melinda. Charlotte se estaba poniendo una capa.
                          Para disgusto de Dorcas, la doncella que compartían las primas, Charlotte se empeñaba en salir sola. Decía que quería dar un paseo y que necesitaba estar sola. Algo que sorprendía a Jane. Debía de ir acompañada o por su doncella o por Martin a la casa de sir Héctor. Mi madre se tomó demasiadas molestias sin conseguir lo que quería, pensó la hermana María Ligia con amargura. Proteger mi pureza. Pero no fue mi culpa.
                          Charlotte era una joven de cabello de color castaño. Muy sedoso al tacto...Sus ojos eran de color azul cielo, igual que los ojos de Melinda. Charlotte se iba.
-¿Adónde va sola?-le preguntó en más de una ocasión Jane a Melinda.
-No lo sé-respondió la joven.
                           Las dos amigas se quedaron solas. Era mejor así porque podían hablar de cualquier tema. No existía en aquella época ningún secreto entre ambas. Hasta que ocurrió aquella tragedia. Jane desapareció aquella noche. Murió aquella noche.




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