jueves, 17 de diciembre de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Ecos del pasado. 
Esta historia avanza lentamente. Estoy muy contenta porque ya ha cogido impulso y he logrado enderezarla después de tres años de peleas con ella.
De momento, la cosa avanza, aunque sea despacio.
Vamos a ver lo que ocurre en este fragmento entre Charlotte y Alexander.

                           Alexander creía que iba a volverse loco. No se sentía capaz ni de concentrarse en el mensaje que tenía que descifrar.
                          En lo único que pensaba era en estar con Charlotte.
                          Las pocas veces que había visto a Charlotte había sido en compañía de su prima Melinda. Si salía a dar un paseo, Melinda iba con ella. Si Melinda iba a visitar a lord Martin, era Charlotte la que la acompañaba. Alexander ya sabía que el joven conde de Moreland se había instalado en la isla. Y que su hermana, que había decidido tomar los hábitos, había abandonado el convento temporalmente para vivir con él.
                        Sin embargo, aquella tarde, Melinda tomó la decisión de quedarse a cenar con Martin y con Jane.
-Iré a avisar a papá-se ofreció Charlotte.
-¿Te quedas tú también a dormir aquí?-le preguntó Jane.
-Sólo si tú quieres.
-¡Me encantaría! Avisa a sir Héctor.
                      Charlotte agradeció el poder salir de la casa de lord Martin.
                     Le agradaba la compañía de Jane. Sin embargo, había percibido cierta tensión entre Martin y Melinda. Era evidente que su prima estaba muy confundida con respecto a sus sentimientos hacia el joven.
-Me estás evitando-dijo una voz a espaldas de Charlotte.
                       La joven se detuvo al escuchar aquella voz. Sabía que era Alexander. Hizo ademán de querer proseguir su camino. Pero el joven aceleró el paso y se puso delante de ella.

 

-Déjame-le ordenó la joven con voz dura.
-Perdóname, Charlie-se disculpó Alexander-Pero necesitaba verte.
-¡Nadie debería de verme contigo!
                          Charlotte no sabía qué sentir.
                          Estaba furiosa por ver de nuevo a Alexander. Pero, por otro lado, su corazón daba saltos de alegría.
                          Miles de pensamientos cruzaron su mente. Deseaba salir corriendo en dirección a su casa.
                          Deseaba insultarle. Deseaba irse con él a los confines del mundo.
                          No sabía lo que quería hacer. Estaba furiosa con Alexander porque se negaba a olvidarse de ella. Estaba furiosa consigo misma porque no era capaz de olvidarle.
-Charlie, no puedo sacarte de mi cabeza-se sinceró Alexander con fervor-Te llevo metida aquí dentro-Se señaló el pecho-Te siento en todas partes. Charlie, te lo ruego, no nos hagamos más daño. Ven conmigo. Iremos a Francia. Sigo pensando en irme a vivir allí. Quiero alistarme en el Ejército Francés.
-¡Eres un maldito traidor!-gritó Charlotte con rabia-¿Cómo te atreves a contarme lo que piensas hacer?
                         La idea de irse a Francia con Alexander pasó por la mente de Charlotte. Era una idea tentadora.
                        Sin embargo, su deber era quedarse en The Lynch. Su padre la necesitaba.
-Piensas igual que yo-le aseguró Alexander.
                        Los dos pensaban que otra Inglaterra era posible. Una Inglaterra libre de un Rey loco...Y de un Príncipe más preocupado por sí mismo que por su pueblo...
                        Francia lo había logrado.
-Inglaterra es el país donde hemos crecido-le recordó Charlotte.
-Y amo a Inglaterra-afirmó Alexander-Por eso, es necesario cambiar las cosas. Charlie, sé sincera. ¿Ves normal que el Príncipe gaste fuertes sumas de dinero en banquetes?
-Hablas igual que el Primer Ministro.
-A Pitt le han dado la patada sólo por decir lo que pensaba. Ya no es el Primer Ministro.
-También leo The Times. 
                       Charlotte sabía que Alexander tenía razón. La destitución de William Pitt había sido porque había sido sincero.
                        Le decía la verdad al obeso Príncipe a la cara. No era como los pelotas de los que se rodeaba. Había pecado de honestidad. Por eso, el Príncipe George le odiaba.
                       Quería decirle a Alexander que tenía razón. Pero eso significaba reconocer que pensaba como él. ¡Y no era así! Ella no era una traidora.
                       Sólo había cometido un error. Se había enamorado de un traidor. Había confiado en él.
                       Alexander se acercó a Charlotte. Había algo en ella que le atraía como un imán.
                      Sus ojos luminosos...Su rostro...
-Charlie, piénsalo bien-insistió Alexander.
                      Cogió las manos de la joven y se las besó.
                     Charlotte pudo sentir el calor que desprendía el cuerpo de Alexander. Podía sentir su fortaleza. Los latidos de su corazón...
                     Alexander la abrazó con fuerza.
                     Charlotte sintió cómo sus fuerzas flaqueaban. No pensó en huir.
                      Quería quedarse allí. Quería estar con Alexander. Podía mentirse a sí misma. Pero no podía mentirle a él. Le amaba más que a nada en el mundo.
                      Y él lo sabía.
                     Charlotte se olvidó de todo mientras yacía en el suelo sintiendo encima de ella el cuerpo desnudo de Alexander.
                     Mientras él la acariciaba. La abrazaba. La estrechaba contra su cuerpo. Charlotte se estremeció con violencia al tiempo que los dos se besaban con frenesí. Alexander besó una y otra vez el cuello esbelto de Charlotte. Succionó con suavidad los pezones sonrosados de la joven al tiempo que la oía gemir.
-Te amo, Charlie-le susurró con la voz entrecortada.

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