martes, 22 de diciembre de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
No me ha tocado nada en el Sorteo del Gordo de la Lotería.
Por ese motivo, me voy a animar escribiendo un poco.
Y aquí os traigo un nuevo fragmento de mi blog novela Ecos del pasado. 
En este fragmento, Jane recuerda los momentos que vivió en el convento.
Es un fragmento más bien cortito, pero, aún así, deseo de corazón que os guste.

                              No terminaba de acostumbrarse a la vida que llevaba fuera del convento.
-Venga, hermana María Ligia-le decía su compañera de celda-¿No ha escuchado la campana? Es hora de ir a la capilla a rezar.
-Tengo mucho sueño-contestaba Jane.
-No sea perezosa. La pereza es uno de los Siete Pecados Capitales.
-Lo sé. Es sólo que no termino de acostumbrarme.
-Seguro que se acostaba a estas horas cuando asistía a uno de esos bailes. Debió de ser muy afortunada.
                           Entonces, Jane permanecía acostada sobre el colchón de paja. ¿Era realmente afortunada?
                           A pesar de todo, añoraba la vida que llevaba en el convento.
                           Le gustaba trabajar en el huerto que había en la parte trasera. Le gustaba ir a rezar a la capilla. En aquellos momentos, sentía cómo una paz infinita se apoderaba de ella. Cuando rezaba, los dolorosos recuerdos que la atormentaban se alejaban de su mente.
                          Jane había sido feliz cuando hablaba con la hermana boticaria. Cuando ayudaba en la cocina del convento.
                          Nunca se había atrevido a confesarle al capellán aquello que tanto le hacía daño. Pensaba que había sido culpa suya.
                          Había confesado numerosos pecados. Como el hecho de que todavía añoraba el poder mirarse en un espejo. O que deseaba poder lucir un bonito vestido.
                         Martin había instalado un reclinatorio en la habitación de Jane. De aquel modo, la joven podía rezar todas las noches.
                         Sin embargo, no era suficiente. Jane no sabía qué hacer con su vida. Mientras rezaba arrodillada en el reclinatorio, Jane tenía la sensación de que no había un lugar en el mundo para ella. Unos golpes que sonaron en la puerta la sobresaltaron. Martin entró en la habitación.
                         Jane se giró al tiempo que se ponía de pie.
-Nuestra madre me ha escrito-le informó su hermano-Quiere venir a verte. Le he escrito pidiéndole que no te obligue a ir a Londres.
-Me alegraré mucho de ver de nuevo a madre-afirmó Jane.
-Janie, estoy preocupado por ti.
-Me encuentro bien, hermano.
-Quiero creer que me estás diciendo la verdad.
-¡Es que no te estoy mintiendo! Soy muy feliz de estar de nuevo a tu lado.

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