domingo, 13 de julio de 2014

ESCENA ELIMINADA DE "UN AMOR PROHIBIDO"

Hola a todos.
Hoy, seguimos viendo más escenas eliminadas de Un amor prohibido. 
Alice y April salen a dar un paseo. Y April se queja sobre su matrimonio. 

                                Era un sábado por la tarde. 
                               April agradeció el poder salir a dar un paseo en compañía de Alice. 
                               Jay tenía mucho trabajo en la oficina del sheriff, después de que el sheriff MacKinley hubiese arrestado a un cuatrero. El sheriff lo estaba interrogando. Y Jay debía de estar presente. Elsie se había ido al rancho de sus abuelos. Quería jugar con Harry. 
                                 April se colgó del brazo de su hermana menor mientras caminaban. 
-No se te nota nada el embarazo-observó Alice. 
                                 April sonrió con orgullo y se tocó con la mano el vientre, todavía plano. 
-Pero tardará en empezar a notárseme-afirmó con jactancia-Jay dice que va a ser un niño. Y será como él. 
-Espero que herede su físico-le aseguró Alice-Pero me temo que el carácter es otra cosa. Puedes hablar conmigo, hermana. Yo no soy como nuestra madre. Te escucho. 
                               Una sombra de tristeza cruzó el rostro de April. 
-Jay me tiene prácticamente encerrada en casa-se sinceró la joven-No me deja casi nunca salir a la calle. ¡Ni siquiera me permite montar a caballo! Yo sé que me quiere. Pero...A veces, tengo la sensación de que no le importo. Que sólo me quiere para una cosa. Y no te lo voy a contar porque todavía estás soltera. Hasta donde yo sé, no tienes ni novio. 
-No pasa nada-dijo Alice, ruborizándose. 
-¡Soy una desgraciada, hermana! Yo creía que Jay me quería. 
-¿Estás enamorada de él?
                                  April se encogió de hombros. 
-Ya no sé ni lo que siento por él-contestó con sinceridad-Es mi marido. Es el padre de Elsie. Y es el padre del niño que está creciendo dentro de mí. Pero...De no haberme casado con Jay, me habría quedado soltera. Eso habría sido peor. 


sábado, 12 de julio de 2014

ESCENA ELIMINADA DE "UN AMOR PROHIBIDO"

Hola a todos.
Hoy, seguimos viendo más escenas eliminadas de mi novela Un amor prohibido. 
En esta ocasión, vamos a empezar a indagar en la relación entre Alice y William.
William es un joven comanche que se ha criado en una misión, donde ha sido bautizado.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                                  Fue en aquella época cuando Alice conoció a William.
                                  Era un joven comanche que vivía en una misión. Su madre había muerto allí. Su padre todavía vivía.
                                  Le conoció un día que fue al cementerio a visitar la tumba de sus abuelos. Alice acudió sola a depositar un ramo de flores. Sus abuelos paternos se habían querido mucho. Estaban enterrados juntos. A sus abuelos maternos no les había llegado a conocer porque vivían en Inglaterra. Alice sabía que nunca viajaría a aquel país.
                                Escuchó lo que pareció que era un canto triste. Venía de fuera del cementerio. Alice se santiguó y depositó el ramo entre las dos tumbas. Deseaba tener para ella un amor tan fuerte como el que habían tenido sus abuelos. Fue, entonces, cuando vio por primera vez a William.
                               Para su sorpresa, William estaba de rodillas entonando un lamento que parecía ser una canción fúnebre.
                              Habían dos personas frente a él, un hombre y una mujer. La mujer era blanca. Llevaba puesto un traje de cuero raspado. Un traje comanche...Eso llamó la atención de Alice. El hombre que yacía a su lado tenía rasgos extraños. Había una curiosa mezcla de razas que se adivinaba en su cara. En el tono más claro de su piel...
                            Los dos estaban muertos.
                            El cabello dorado intenso de la mujer estaba recogido en dos trenzas que caían sobre sus hombros. Su piel estaba muy pálida.
                            De rodillas, en el otro lado, un hombre y una mujer de mediana edad lloraban. Su hijo mayor acababa de morir durante una reyerta con un grupo de hombres blancos que querían llevarse por la fuerza a su mujer. Además, habían perdido a su nuera. La segunda esposa de su hijo...Y, con ella, había muerto el niño que iban a tener.
-El chamán se equivocó-sollozó la mujer-Vio que Espíritu Cazador tendría una gran descendencia. ¡Me lo dijo cuando acudí a él hace tanto tiempo! Y yo me sentiría orgullosa de su descendencia. ¡Me mintió!
-No te mintió-replicó el hombre-No interpretó bien su sueño.
-¡Están muertos!
                             La mujer rompió a llorar amargamente. De pronto, se dio cuenta de que no estaban solos.
-¿Qué haces aquí, mujer blanca?-le preguntó William-No es lugar para que tú estés.
-Vengo de depositar flores en la tumba de mis abuelos-respondió Alice-Lamento mucho vuestra pérdida.
-Vete, mujer blanca. Si hombres blancos te ven hablando con nosotros, será malo para todos. No es una orden. La mujer de mi hermano corrió esa suerte por enamorarse de él.
-Mi cuñado es el sheriff del pueblo. No pasará nada. Yo sólo he venido a mostrar mi pesar por vuestra pérdida.
                            Alice estaba conmocionada.
                            Sus abuelos paternos habían muerto cuando era pequeña.
                            Tenía un vago recuerdo de cómo había sido su funeral.
                            En cambio, sí recordaba lo mucho que se habían querido. Ellos debieron de quererse del mismo modo cuando han muerto juntos, pensó Alice. Eso era lo que quería para ella. Un amor fuerte e incondicional...
                            Deseaba ser valiente para poder enfrentarse al mundo por amor. Era consciente de que el matrimonio de su hermana con Jay no estaba marchando por el mejor momento. Jay estaba muy contento con la noticia de que iba a ser de nuevo padre. Pero April se sentía asfixiada.
                          Sentía que odiaba a su marido. Alice había escuchado rumores de que Jay no trataba del todo bien a su hermana mayor. Cuando les veía paseando por el pueblo cogidos del brazo, Alice no quería pensar eso. Les veía besándose. Hacían una pareja muy hermosa. Pero no podía creerse nada de lo que le contaban.
-¿Qué les ocurrió?-quiso saber Alice.
-Los hombres blancos quisieron llevársela-contestó la madre del difunto-Espíritu Cazador se negó. Ella se negó.
-¿Era su mujer?
-Según nuestra ley, sí. Era su esposa.
-Los hombres blancos son salvajes-afirmó William-No todos los hombres blancos son así. Pero...Madre puede contártelo.
                            Una expresión de horror apareció dibujada en el rostro de la mujer. Alice adivinó muchas cosas. El difunto era mestizo. Y su concepción no había sido por amor. Había sido un acto de violencia. De miedo...De horror...
-Vete, muchacha-le pidió la mujer-No quiero que te vean aquí con nosotros. Los espíritus mi hijo y de su mujer tienen que irse. Vete.
-Lo siento mucho-se lamentó Alice.
-No eres mala, muchacha. Es sólo que queremos estar solos.
                             El hombre de mediana edad estaba muy callado. Miles de sensaciones pasaron por su rostro. Una de aquellas sensaciones era de alivio.
                             William recorrió con la mirada a Alice. Hacía mucho calor aquel día. Se dio cuenta de que era una joven bastante alta. Tenía el cabello negro, que llevaba recogido en un moño. Llevaba puesto un vestido de color verde.
-Comparto vuestro dolor-dijo Alice-Me llamo Alice. Sé lo que es perder a un ser querido. El dolor es el mismo siempre.
                           Cogió la mano de William y se la oprimió con suavidad. Se inclinó hacia él y le besó en la mejilla. Luego, se marchó.

  

                              William la observó mientras se alejaba. Aquella joven blanca parecía ser sincera en su manera de hablar. En la forma en la que se había comportado. De pronto, tuvo la sensación de que podía ver el espíritu de su hermano. De Espíritu Cazador...Y le miraba. Le estaba sonriendo.
                              Halcón Volador, pareció decirle, usando su nombre comanche.
                              Hermano, pensó William. Una mujer blanca ha presenciado tu entierro y el de tu mujer.
                             Una mujer blanca ha sido compasiva con nosotros. Una mujer blanca es buena. Igual que tu mujer...¿Qué puede significar eso?

jueves, 10 de julio de 2014

ESCENA ELIMINADA DE "UN AMOR PROHIBIDO"

Hola a todos.
Y, hoy, seguimos con más escenas eliminadas de mi novela Un amor prohibido. 
¡A ver qué os parece ésta!

                                    Transcurrieron seis años.
                                    El escándalo estalló el mismo año que nació Olivia.
                                    Para entonces, Jay y April llevaban casados seis años.
                                    Habían sido padres de una preciosa niña.
                                    Se llamaba Elsie. Se parecía mucho a April en el carácter y también en el físico. Para entonces, el sheriff MacKinley era un hombre casado en segundas nupcias con Jenna. Al hijo que adoptó en su primer matrimonio, Gray, se le unió una niña que adoptó poco antes de casarse con Jenna. La llamaron Brianna.
                                   La vida de April transcurrió de manera tranquila. Se fue a vivir con su marido al pueblo. Pero seguía acudiendo al rancho de sus padres para ver a sus hermanos.
                                   Salía menos a montar a caballo porque Jay se lo había prohibido. No participaba en cacerías porque Jay también se lo había prohibido. En ocasiones, April se preguntaba si lo que pretendía su marido era que se muriera de asco. Para entonces, sus padres estaban preocupados por su hermana menor.
                                Alice tenía ya diecisiete años.
                                Cumpliría dieciocho años en unas pocas semanas. Y Clifford estaba preocupado por ella. Por suerte, no había heredado el carácter impetuoso de su hermana mayor. Era más tranquila.
                               April se cepillaba ella misma el cabello todas las noches cuando se disponía a irse a la cama a descansar. Y se daba cuenta de que estaba perdiendo cada día que pasaba más pelo porque lo veía en los mechones oscuros que quedaban en el cepillo cuando ella terminaba de peinarse. Era una especie de tortura para ella.
                              Se sentía vieja.
                             Echaba de menos la época en la que cazaba búfalos. Ya no podía participar en ninguna cacería.
                             Echaba de menos la época en la que podía salir a dar largos paseos a caballo. De algún modo, se sentía prisionera en su propia casa. Se ocupaba de criar a su pequeña Elsie. Jay se pasaba gran parte del día en el despacho. No le cabía la menor duda de que sentía un gran cariño por su hija. Pero Jay, en su fuero interno, deseaba tener un hijo. April llevaba unos pocos días de retraso en su menstruación. Su figura todavía estaba plana, pero sospechaba que iba a tener un nuevo hijo en cuestión de unos ocho meses.
                              Pero también pensaba en Alice.
                              Su hermana era muy parecida a ella, ya que tenía el mismo cabello de color negro intenso como el azabache. Sus ojos eran de color negro y de mirada profunda. En el caso de Alice, había mucha dulzura en su mirada. Era cierto lo que se decía. Alice se había convertido en toda una belleza.
                             Sus labios eran sonrosados y estaban trazados de un modo muy delicado. Y su barbilla era ligeramente redonda y suave. Era de complexión delgada. Todavía llevaba su cabello recogido en dos trenzas.

ESCENA ELIMINADA DE "UN AMOR PROHIBIDO"

Hola a todos.
Hoy, seguimos con más escenas eliminadas de Un amor prohibido. 
Deseo de corazón que os estén gustando.

                              A los pocos días, April salió a dar un paseo a lomos de su caballo favorito, Relámpago. 
                              Pensaba una y otra vez en los cambios que se iban a avecinar en su vida una vez casada.
                             Jay se lo había dicho aquella misma mañana, cuando fue a visitarle a la oficina del sheriff.                              April estaba realmente enfadada con su prometido. Jay le había dicho que no quería verla participando en una cacería de búfalos. Y que se había acabado para ella eso de montar a caballo. La esposa de un ayudante de sheriff no podía estar vagando por la llanura desierta como un forajido. Debía de quedarse en casa.
                             April pensaba que Jay quería tener una esclava. Pero pensó que se encargaría ella de hacerle ver lo equivocado que estaba. Había intentado hablar con él, pero no pudo. Debía de salir a hacer la segunda ronda. El sheriff MacKinley regresó cuando estaban todavía discutiendo. Percibió cierta tensión entre su ayudante y la joven con la que iba a casarse.
-¿Va todo bien?-preguntó.
                          Ninguno de los dos respondió.
                          Jay le dio a April un beso frío en los labios y se marchó.
                          Lo ocurrido aquella mañana en la oficina del sheriff la disgustaba. Odiaba discutir con Jay. Nunca había discutido con Hugh. Pero él la había abandonado a pesar de no haber discutido nunca.
                          Recordaba, al detener a Relámpago, cómo Jay la había besado con pasión la tarde en la que le pidió matrimonio. Cómo habría apretado su cuerpo contra el suyo. Cómo la había abrazado. April no quería perderle porque sería como una condena a la soltería. Le aterraba la idea de quedarse soltera porque pensaba que se quedaría sola.
                         Ellen le había insinuado que, si no quería, podía dar marcha atrás con el tema de la boda. Clifford se escandalizó. Afirmó que la familia no podría soportar un nuevo escándalo. April debía de casarse con Jay sí o sí. Y ella, por supuesto, no pensaba renunciar a él.



                            Hablaría con él. E intentaría hacerle entrar en razón.

martes, 8 de julio de 2014

ESCENA ELIMINADA DE "UN AMOR PROHIBIDO"

Hola a todos.
Hoy, seguimos con más escenas eliminadas de mi novela Un amor prohibido. 
Conoceremos a una pareja de amigos de Dawn Beckham que no va a aparecer, pero que pudieron haber sido muy interesantes.

                              Dawn Beckham tan sólo había tenido una única amiga durante el tiempo que llevaba viviendo en San Ezequiel.
                              Selena Hogue era una joven mestiza. No era ningún secreto. Su padre había sido un comanche. Su madre había muerto al traerla al mundo. Sus abuelos fueron quienes la criaron y la cuidaron. El abuelo murió cuando Selena era apenas una niña. Su abuela murió cuando Selena llegó a la adolescencia. De algún modo, la joven vivía aislada de los vecinos, igual que Dawn. Empezaron a saludarse cuando Dawn se estableció cerca del pequeño rancho donde Selena vivía con su marido, Ethan. Él era viudo y padre de un niño de corta edad. La abuela de Ethan vivía con él. La familia trabó amistad con Dawn. Los vecinos del pueblo no asumían que Ethan se hubiera casado con una mestiza.
                              Selena empezó a acudir a visitar a Dawn con mucha frecuencia a su casita de madera.
                               Una tarde, merendaron juntas. Dieron cuenta cada una de una taza de café y se comieron cada una un trozo de tarta de manzana. La había preparado Dawn.
                              Aquella tarde, ambas hablaron largo y tendido. Dawn le contó a Selena que era inglesa. Que había abandonado su vida en su Liverpool natal para escaparse con su amante. Selena lo encontró muy romántico hasta que Dawn le confesó que su amante la había abandonado semanas atrás. No podía regresar a Liverpool.
                                Su única opción era quedarse en San Ezequiel y valerse por sí misma. Pero, a pesar de todo, no estaba asustada.
                                Quería demostrarse así misma que podía salir adelante ella sola.
-Pero ya no estás sola-le recordó Selena.
-¿A qué te refieres?-inquirió Dawn.
-Puedes contar conmigo para lo que necesites. Quiero pensar que somos amigas.
-Eres una buena mujer, Selena.
-Me alegro de que seas la única que lo vea así.
-¡No hagas caso de lo que diga la gente! Disfrutan haciendo daño a los demás. ¡Olvídales! No merece que pienses ni siquiera en ellos.



                             Selena esbozó una sonrisa.
-Es bueno poder contar con la ayuda de una amiga-afirmó.
-Y es bueno no sentirse sola-corroboró Dawn.

                              Selena nunca conoció a su padre.
                              Y nunca se acercó al poblado comanche que había en las afueras de San Ezequiel. De algún modo, renegaba de su sangre comanche.
                               Quería ser aceptada por sus vecinos blancos. Pero no era así. Sus vecinos escupían cuando se topaban con ella. Le hacían señas muy desagradables si iban acompañados por otra persona. Era su manera de hacerle ver que no la querían entre ellos.
                               Selena nunca imaginó que acabaría casada con un hombre blanco. Tenía la sensación de estar viviendo en un sueño. Era una mujer feliz.
                              Por la noche, Ethan se encargaba de llevarla al mismo Cielo sin salir de su habitación. La manera que tenía de amarla. De hacerla suya. De besarla. De acariciarla. A Selena le gustaba apretarse contra él en la cama, después del amor. Sentir el calor que desprendía su cuerpo. Acariciar el muslo de Ethan con la mano. Sentir que alguien la amaba más allá de todo. Eso era lo que Selena más deseaba.
                             Pero la felicidad no duró mucho. Selena y Ethan llegaron a tener un niño. Hablaban de ponerle un nombre al bebé.
                             Dawn se levantó una mañana con la intención de ir a visitar a Selena y de conocer al pequeño.
                             Se encaminó hacia el rancho.
                            De pronto, vio una nube de humo que salía del mismo. Dawn echó a correr en dirección al rancho. Los pocos peones que tenían los Hogue echaban cubos de agua sobre las llamas. Apoyada en un tronco de un árbol estaba la abuela de Ethan, quien estaba en estado catatónico. El hijo de Ethan estaba en el suelo inconsciente, más muerto que vivo. Dawn ahogó un grito cuando vio salir del rancho tres cadáveres que estaban parcialmente quemados. Pertenecían a un hombre, a una mujer y a un bebé.
                            Eran Ethan, Selena y el niño.
                            Dawn se desmayó.
                            El entierro de la pareja se celebró al día siguiente. Dawn supo lo que había pasado. Un grupo de hombres del pueblo entró en el rancho por la fuerza de madrugada. Apuñalaron de manera brutal a la familia Hogue. La abuela de Ethan escapó de milagro llevándose al hijo mayor de su nieto, habido de su primer matrimonio. Pero ambos también fueron apuñalados. Sin embargo, Ethan, Selena y el bebé no tuvieron tanta suerte.
                           Ningún vecino del pueblo acudió al entierro.
                            Sólo Dawn les lloró. Sólo Dawn se acordó de ellos.
                           Más tarde, cuando tuvo su primer hijo con Sean, decidió que, si era niña, la llamaría Selena. Y, si era niño, le llamaría Ethan. Fue niño y lo llamó Ethan.

lunes, 7 de julio de 2014

ESCENAS ELIMINADAS DE "UN AMOR PROHIBIDO"

Hola a todos.
Hoy, sigo subiendo a este blog más escenas eliminadas de mi novela Un amor prohibido. 
Espero que os gusten.

                                April tuvo que reconocer que Jay se portaba con ella de un modo entre rudo y caballeroso a la vez. La besaba siempre de un modo muy casto. Le regalaba flores. Pero también le gritaba que estaba loca cuando la veía pasar montada a caballo a horcajadas. Decía que eso era cosa de hombres. O cuando April se comportaba de un modo temerario durante una cacería. También se lo echaba en cara. Parecía, en ocasiones, más su padre que el hombre que la pretendía.
                               También se ponía celoso cuando algún hombre se acercaba a April para depositar un beso en su mano cuando eran presentados.
                               La joven estaba convencida de que Jay quería tener relaciones íntimas con ella. Lo veía en sus ojos. Se dio cuenta de ello una noche, durante un baile que se celebró en el granero de los MacKinley.
                               April había bebido un par de vasos de ponche de más. Cuando Jay la sacó a bailar, la joven se apretó contra su cuerpo mientras bailaban. Él empezó a susurrarle toda clase de groserías al oído. Durante unos instantes, April deseó estar con Jay de un modo mucho más íntimo. Carnal...Podían ir a dar un paseo a orillas del riachuelo. O ir a la llanura.
-No puedo-le dijo, cuando reaccionó-Lo siento.
-¿El qué no puedes?-le preguntó Jay.
-Hacer eso que me pides que haga.
-Lo siento mucho.
-He bebido de más. Estoy borracha. Mi comportamiento ha sido deplorable.
                           Menos de una semana después del baile en el granero de los MacKinley, Jay invitó a April a un picnic que organizó a orillas del riachuelo en un caluroso día de verano. El cielo, en el momento en el que llegaron a su destino, estaba completamente despejado. April montó en el mismo caballo que montó Jay. Y experimentó una sensación agradable al ir en su regazo. Como si la estuviera raptando. Se rió de sí misma por tener aquella clase de pensamientos.
-Tienes una sonrisa deslumbrante-la piropeó Jay.
-Eres un hombre muy galante-afirmó April.
-No me fío mucho del tiempo.
-¿Por qué dices eso?
-Marty dice que podría haber tormenta cuando la tarde esté más avanzada. Ya sabes cómo son las tormentas de verano.
-Aparecen cuando uno menos se lo espera. Duran poco. Pero te calan hasta los huesos.
                            Se echaron a reír con ganas.
                            A la orilla del río, dieron cuenta de una merienda a base de emparedados de jamón y queso y galletas que había preparado la cocinera de los Sandel.
-Debería de contratar a tu cocinera-sugirió Jay.
-¿Dónde vives?-quiso saber April.
-Sigo hospedado en el hotel. No sé adónde ir. Por lo menos, como allí comida caliente.
-No es vida para ti. No puedes depender de la comida de un hotel eternamente. Acabarás gastándote el suelo en tener una habitación, ropa de cama de abrigo y comida caliente.
-Te recuerdo que soy un hombre soltero que no sé valerme por mí mismo para las cosas de la casa.
-Sin embargo, eres muy bueno a la hora de arrestar a los malos.
                             April miró con cierta picardía a Jay.
                            Estuvieron hablando de caballos. De cómo iban las cosas en el pueblo.
                            Poco a poco, las nubes oscuras fueron cubriendo el cielo. Ninguno de los dos se dio cuenta de nada. De pronto, empezó a llover con fuerza. Se pusieron de pie de un salto. No había muchos árboles a su alrededor donde guarecerse.
-¡Vamos a ese establo!-le indicó Jay-Nos refugiaremos allí hasta que pase la tormenta.
                        Se cogieron de las manos y echaron a correr. Llegaron completamente empapados al establo. Una vez allí, se sentaron en el suelo y se echaron a reír. April abrazó a Jay.
-Necesitas una mujer que te cuide-le sugirió-Que se preocupe por ti. Opino que deberíamos casarnos. Así, estarás más cuidado.
                        Fue entonces cuando Jay la besó. Fue un beso largo y apasionado. April correspondió con el mismo ardor a aquel beso. El cielo de San Ezequiel se iluminó con los relámpagos. Los truenos retumbaban en las paredes del establo. El caballo, que estaba libre, también entró dentro del establo. Era una tarde gloriosa para April.
                           La joven llenó de besos el rostro de Jay.
-Cásate conmigo, April-le pidió el hombre-Y conviérteme en un hombre decente.
                            Ella asintió sonriendo.
-Pero tienes que comportarte-le pidió.
-Me portaré contigo como un caballero-le aseguró Jay.
-Hemos de esperar hasta nuestra noche de bodas. Yo soy virgen. Lo que pasó con Hugh no tiene nada que ver con nosotros. Él me deseaba. Pero me respetó.
-No te respetó cuando te abandonó.
-Eso ya forma parte del pasado. No merece la pena seguir pensando en Hugh.
-Lo olvidaré. Pero me da rabia pensar que pudiste haber sido de otro hombre.
-Eres muy celoso.
-Lo siento.
                            April se echó a reír.
                           La tormenta duró menos de media hora. Jay respetó la virtud de April. Salieron del establo con la virtud de la joven intacta. Por el momento...



                       Regresaron al rancho de los Sandel. Iban calados hasta los huesos.
                       Pero estaban muy felices.
                      Acordaron que la boda se celebraría en el plazo de seis meses. Cuando April habló con su madre mientras se probaba el camisón que luciría en su noche de bodas, habían pasado tres días desde el picnic. Y era una novia feliz e ilusionada.

domingo, 6 de julio de 2014

ESCENAS ELIMINADAS DE "UN AMOR PROHIBIDO"

Hola a todos.
Ya sé que este blog no es el blog de "Mía Stella", dedicado a esta saga.
Sin embargo, he querido compartir aquí con vosotros unos cuantos fragmentos eliminados de mi novela Un amor prohibido por considerar que son demasiado relleno.
Aparecen personajes que he considerado irrelevantes para la novela.
Sin embargo, fuera de ella, he creído que la historia podía ser interesante y no he querido eliminarla del todo.
Por eso, aparece en este blog.
Espero que os guste.

-Todavía no me puedo creer que falten seis meses para el día de mi boda-protestó April-¡Todavía quedan muchas cosas por hacer!
-Pero medio año se pasa volando, cariño-le aseguró Ellen, su madre-Jay es el mejor partido que puedas encontrar. Es el ayudante del sheriff. Eso significa que es un hombre honrado. Si el sheriff MacKinley le ha escogido será por algo.
-Pero esa zorra de Peggy le critica. Que si es mulato. Que si su madre era una puta de burdel. Que si estuvo en la cárcel por robo.
-¡No hagas caso a lo que diga Peggy! Es una solterona aburrida.
                         April se encontraba en su habitación, acompañada por su madre.
                         La habitación estaba a rebosar de telas nuevas.
                         La familia de April vivía bastante cerca de la casita de madera donde se habían instalado el matrimonio formado por Sean y Sarah O' Hara. Pero no se habían relacionado todavía.
                          April se estaba probando el camisón de color rosa que luciría en su noche de bodas con Jay. La tela se había deslizado con facilidad sobre el esbelto cuerpo de April. Hacía resaltar los pechos llenos de la joven. April era una joven bastante más alta que la mayoría de mujeres que vivían en San Ezequiel.
                           Ellen contempló con cierta preocupación las estrechas caderas de su hija mayor. En su opinión, una mujer de caderas estrechas tenía muchas dificultades al dar a luz. Ellen, además de April, tenía otros dos hijos. Una hija y un hijo...La hija era una niña de doce años llamada Alice. El niño tenía dos años y se llamaba Harry. April tenía diecinueve años.
-Me cuesta trabajo reconocerte-admitió Ellen, sentándose en la cama de su hija mayor.
                        El amor había llegado a la vida de April no hacía mucho. Sin embargo, le costaba trabajo reconocer en aquella futura novia ilusionada a su impulsiva hija mayor.
-Voy a ser una mujer casada-le recordó a su madre-Tengo que aprender a comportarme. Además, Jay quiere que temple mi genio.
                          Ellen no supo qué pensar.
                          Estaba casada con Clifford Sandel, uno de los pocos estadounidenses adinerados que vivían en México. Era feliz en su matrimonio. Ellen se ocupaba de la casa. Cuidaba de los niños. Clifford se volcaba en el rancho. Nunca discutían. Se llevaban relativamente bien.
                          Clifford había hecho una auténtica fortuna. Se había dedicado a la compra y venta de cabezas de ganado y a cruzar los mejores toros sementales con las mejores vacas para vender los terneros obtenidos de aquellas uniones. Vendía los terneros al mejor precio, por supuesto, tanto en México como en Estados Unidos.
                          El rancho tenía dos pisos. Tenían varios sirvientes, tanto mexicanos como estadounidenses. April soñaba con viajar a Inglaterra, el lugar de donde era oriunda su madre. Ellen le había hablado en varias ocasiones a sus dos hijas de su Bath natal.
                           A April le gustaba salir de caza. Alice había empezado a asistir a meriendas que organizaban sus amigas.
                          April acudía a rastras a las fiestas que se celebraban en los graneros. Era una de las jóvenes más solicitadas cuando se celebraba un baile. Y, a pesar de que intentaba disimularlo, se sentía halagada.
                           El camisón de color rosa parecía estar hecho para resaltar su largo cabello de color oscuro y sus ojos, del mismo color oscuro.
-Si no me caso con Jay, no me casaré con nadie-le confesó a su madre, girándose para mirar a Ellen.
                           April había estado a punto de casarse cuando tenía dieciséis años. Tanto Clifford como Ellen creyeron que era demasiado niña como para casarse. Su futuro marido se llamaba Hugh. April y Hugh se habían besado en muchas ocasiones. Él había llegado a acariciarla con las manos debajo de la ropa y de manera íntima. Pero no pasaron de ahí.
                         No llegaron a casarse. Hugh abandonó a April pocos días antes de contraer matrimonio.
                         Habían hablado de escaparse juntos, dado que Clifford y Ellen se oponían a la boda. Durante una noche entera, April estuvo esperando a Hugh en la ventana de su habitación. Había quedado en escaparse con él. Pero Hugh no se presentó a la cita. April estuvo llorando un fin de semana entero. A raíz de aquel plantón, el carácter de la joven se fue agriando.
                           Pero eso parecía haber cambiado. Volvía a estar enamorada.
-Ya tengo diecinueve años-añadió April-No puedo quedarme soltera, madre.
-Jay es un buen hombre, cariño-afirmó Ellen-Pero me preocupa que estés cometiendo un error.
-Madre, todavía falta medio año para mi boda. No creo que vaya a cometer un error. Ni que me esté precipitando. ¡Todo lo contrario! Jay ha sido quién ha fijado la fecha de nuestra boda. Se parece mucho a padre. Por eso, se llevan tan bien.
-Nunca pensé que acabaría viéndote casada.
-Me juré a mí misma que no volvería a enamorarme después de que Hugh me abandonara.
                          April había cumplido a rajatabla aquella promesa. Hasta dos años antes...Cuando conoció a Jay y April sintió cómo el amor volvía a su vida. Le costó dos años lograr el amor de Jay y, ahora, con diecinueve años, quería convertirse en su esposa.
                        Jay era un hombre que, cuando salía a hacer la ronda por el pueblo, sabía imponer respeto a los vecinos. Su sonrisa era cautivadora. Además, era un hombre muy musculoso. Poseía un carácter impulsivo y tozudo. Igual que ella...Además, desprendía una seguridad en sí mismo que hacía sentir a April capaz de apoyarse en él. Necesitaba sentirse segura. Protegida...
                        Amaba a Jay.
                       Cuando miraba a su futuro marido hacer la ronda por el pueblo, April pensaba que iban a ser muy felices.
                        Cuando conoció a Jay, a su llegada al pueblo, decidió que aquel hombre iba a ser solamente suyo. Asistía a carreras de caballos y se colocaba al lado de Jay. Si un circo o un teatro ambulante iba al pueblo y Jay asistía, April también asistía y procuraba colocarse al lado de él para contemplar el espectáculo. Se aseguraba de asistir a los mismos eventos sociales a los que Jay era invitado. Él la invitaba a bailar en las fiestas que se celebraban en los graneros. Parecía estar celoso cuando April bailaba con otros hombres. Poco a poco, empezó a ir a visitarla al rancho de la familia Sandel.
                       Los dos pasaban un rato sentados en una silla en el porche hablando de cómo iban las cosas en el pueblo. De los vecinos...Del trabajo de Jay...
                       Pasaba montado a caballo delante de la ventana de la habitación de April. Ella se asomaba sólo para verle. Alice se dio cuenta de lo que estaba pasando. Fue la primera en advertir que April y Jay se estaban enamorando. April quería pensar que Jay la amaba. Y también quería pensar que estaba enamorada de él.
                       Lo pensaba cuando la saludaba con el sombrero en la mano. La hacía sentirse importante. Amada...
                        Su corazón empezaba a dar brincos dentro de su pecho.
                       A medida que fueron pasando los días, April decidió que Jay sería sólo suyo. De algún modo, tenía que hacer algo para llamar la atención de Jay y retenerlo a su lado. No iba a perderlo, como perdió a Hugh.
                       Durante año y medio, April fue seduciendo poco a poco a Jay, tratando de disimular aquella seducción de una forma que parecía que sólo estaba siendo amable con él. Jay debió de darse cuenta, pero no dijo nada, ya que se sentía halagado por haber captado la atención de una de las mujeres más hermosas que jamás había visto.
                       April se enteró de que a Jay le gustaba verla con el pelo suelto, ya que decía que era como ver un hermoso manto de color oscuro desparramándose por sus hombros y cayendo sobre su espalda. Que le recordaba a una diosa. Cuando Jay la invitaba a dar un paseo por el pueblo, April solía llevar el pelo suelto. A él se le cortaba el aliento cuando la veía de aquel modo.
                       Si Jay asistía a una cacería, April también participaba en la misma. Sabía que poseía un hermoso perfil que parecía ser más hermoso si estaba apuntando a un búfalo con un rifle. Y que le gustaba verla con pantalones. April, para escándalo de sus padres, se ponía pantalones cuando asistía a una cacería o cuando se encontraba con Jay.
                       Lo invitaba a tomar café con ella. A Jay le gustaba el café bien cargado. Y April empezó a tomar café bien cargado.
                       Y fue en aquellas meriendas cuando Jay empezó a hablar de matrimonio. Se daba cuenta de que tenía cierta edad y que tenía que casarse. De modo que empezó a lanzarle indirectas a April.
-Ya no soy ningún jovencito-le comentaba.
-Yo pienso que te conservas muy bien-opinaba April.
-Lo que quiero decir es que tendré que buscar a una mujer antes o después.
-No debes buscar demasiado lejos a esa mujer.
                          April necesitaba hacer algo para retener a Jay a su lado. Le daba mucho miedo entregarse a él porque quedaría deshonrada.
                          Ya habían circulado algunos rumores cuando nació Harry de que, en realidad, era hijo suyo y de Hugh. Fue demasiado bochornoso para ella.
                           Y, encima, Conchita, la comadrona, acudió a comprobar su virginidad. Peggy la acompañó para cerciorarse de que era cierto. April accedió a someterse a tal humillación para acallar bocas.