domingo, 15 de marzo de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
El fragmento que vais a ver de Ecos del pasado podría resultaros muy familiar.
El caso es que lo he reescrito.
¡A ver qué os parece!

                                     Estaba dando un paseo por la orilla del río Támesis en compañía de su prima Melinda Stanyon. Melinda estaba un tanto sorprendida por lo que acababa de hacer su prima. Charlotte le había contado que pensaba contraer matrimonio con lord George Robertson. Melinda pensaba que su prima estaba a punto de cometer un terrible error. En cambio, Charlotte estaba contenta. Su padre, sir Héctor Stanyon, había sido el artífice de aquel compromiso. Y ella, como buena hija que siempre había sido, pensaba en obedecer. 
                      No quería cometer más tonterías.
                     Ya había cometido un error terrible al enamorarse de quién no debía. Y al haberse entregado a él. Hablaría de aquel tema con George. A lo mejor, era un hombre comprensivo.
                  Tenía la suerte de poder contar con Melinda.
                 Su prima no la había criticado. No había juzgado su comportamiento.
                  En cierto modo, Melinda sentía envidia de Charlotte. Al menos, su prima había amado.
                 Había sido amada. ¿Qué podía decir ella? Se había enamorado. Pero se había enamorado de un hombre que no quiso corresponder a aquel amor. A pesar de que Charlotte seguía amando a un traidor. Melinda tenía la certeza de que, a pesar de todo, Alexander amaba todavía a Charlotte. Más allá de su manera de pensar. La amaba de verdad.
-Lord George no es un mal partido-le aseguró Charlotte a su prima-Es el hombre más rico de todo Berkshire. Y, además, es el duque de Craft. 
-Un título no lo es todo en esta vida-afirmó Melinda-El amor es lo que importa. 
-Eres una romántica incurable, Mel. 
-¿Nunca has pensado en enamorarte? ¿En casarte porque amas al hombre con el que vas a unir tu vida? Me resisto a creer que seas tan fría, Caro. 
-El amor llegará antes o después. Conozco a lord George. Es joven, pues acaba de cumplir cuarenta años.
-¿Cuarenta años? ¡Y dices que es joven!
-Y posee un buen carácter. Es agradable con todo el mundo. Y no es ningún libertino. 
-¿Te has parado a pensar en Alexander? 
                     Al escuchar aquel nombre, Charlotte enmudeció. Se cogió del brazo de Melinda para seguir caminando. No tenía ganas de hablar de aquel tema, pues ya había tomado una decisión y pensaba llevarla hasta el final. 
-¿Qué va a pasar con vosotros?-insistió Melinda. 
-No quiero hablar de Alexander ahora-afirmó Charlotte-Lo que importa ahora es que me voy a casar con Lord George. 


-De acuerdo...No hablaré más del tema si no quieres. 
-Te lo agradezco. 
-Por ahora...
-¡Mel, por favor!
                           Una criada se asomó por el ventanal del salón. Era la hora del té. Debían de regresar a casa. Charlotte sentía una gran asfixia. 

sábado, 14 de marzo de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Hoy, seguimos con un nuevo fragmento de Ecos del pasado. 
En esta ocasión, Charlotte decide confesarle a Melinda su secreto más íntimo.
¡Veamos qué ocurre!

                                        Sir Héctor pasó toda la tarde siguiente encerrado en su despacho en compañía de su secretario revisando papeles.
                                        Hacía demasiado frío como para salir fuera.
                                        Melinda y Charlotte permanecían sentadas en el sofá del salón bordando. La intención de Melinda era bordar con punto de cruz un mantel con las iniciales de su prima y de lord George. Formaría parte de su ajuar de bodas.
-Eso será si me caso con él-masculló Charlotte.
-¿Cómo dices?-se interesó Melinda, quién la había oído.
-Es posible que no me case con lord Craft. No creo que sea la mujer idónea para él.
                                      Charlotte estaba bordando un pañuelo. Siempre había sido muy buena bordando. Sin embargo, las manos le temblaban con violencia aquella tarde.
                                     Tiraba del hilo con demasiada rabia. Ver a Charlotte tan alterada era algo que Melinda jamás había contemplado.
                                     Por lo general, Charlotte era la más calmada de las dos. Un trueno sonó a lo lejos. El cielo se había cubierto de densos nubarrones negros. Melinda quería saber qué le ocurría a Charlotte.
-Entre nosotras nunca han habido secretos-le recordó a su prima-Nos lo hemos contado todo.
                                 Te vas a indignar cuando te lo cuente, pensó Charlotte con tristeza.
                                 Quería ser capaz de sincerarse con Melinda. Pero ni siquiera se atrevía a mirarla a la cara. ¿Cómo le iba a explicar que se había enamorado de un traidor? Inglaterra y Francia estaban en guerra. Pero no sólo era Inglaterra quién estaba en guerra con Francia. Pero en Francia es donde la gente está muriendo, solía decir Alexander. Aquí, en Inglaterra, la vida sigue su curso. Charlotte respiró hondo. No lograba apartar a Alexander de su cabeza. Lo tenía metido dentro de ella. Respiró hondo.
                                Recordó todas las noches de amor que había vivido con él.
                               Los besos que se habían dado medio desnudos, recostados sobre la hierba, a orillas del río Támesis. Las caricias que Alexander le había brindado con las manos y con los labios. Los abrazos que se habían dado.
-No soy virgen-contó Charlotte a bocajarro.
                             Melinda la miró con cara de estupefacción.
-¿Qué estás diciendo?-se escandalizó la joven.
-No puedo casarme con lord Craf-contestó Charlotte, hablando muy deprisa y clavando sus ojos en Melinda-He estado con otro hombre. Me entregué a un traidor. A alguien que apoya al cónsul Napoleón. Y...
-Charlotte...¡Por Dios!

viernes, 13 de marzo de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Os traigo un nuevo fragmento de Ecos del pasado. 
En esta ocasión, Charlotte recibe una noticia inesperada por parte de sir Héctor, su padre.

                             Charlotte miró a su padre con expresión estupefacta. Sentada frente a él en su despacho, pensó que sir Héctor le estaba gastando una broma. Pero su padre, a pesar de que era un hombre muy cariñoso, no era muy dado a gastar bromas.
-Pensé que te pondrías contenta-se extrañó sir Héctor.
                            Lord George Robertson era el duque de Craft y estaba considerado como el hombre más rico de toda Inglaterra.
-Gran parte de Berkshire es suya-añadió sir Héctor-Tiene más de veinte títulos.
-¡Si yo estoy contenta!-mintió Charlotte.
                           Lord George era un poco más joven que sir Héctor. En el pasado, Charlotte habría obedecido ciegamente a su padre. Si él decidía casarla con alguien que le duplicaba la edad, Charlotte habría acatado su decisión sumisamente.
                            Pero, en aquel momento, Charlotte sentía que no podía obedecer a su padre. Había tenido la ocasión de tratar a lord George. Le parecía el hombre más amable y correcto que jamás había conocido. Sin embargo, a pesar de tener dieciocho años, Charlotte no era tan inocente como pensaba su padre.
                             Ya le habían roto el corazón.
                             El recuerdo de Alexander acudió a la mente de la joven. A pesar de que habían pasado meses desde que se vieron por última vez, Charlotte no podía arrancárselo del corazón. Fingía muy bien ante su padre y ante su prima Melinda. Ellos no sabían nada acerca de la relación que había mantenido con aquel traidor. Porque Alexander era un traidor.
                          ¡Y, encima, se enorgullecía de ello!
-No vas a encontrar a ningún partido mejor que lord Craft-afirmó sir Héctor.
-Me alegro de que se haya fijado en mí-mintió nuevamente Charlotte.
-Lord Craft quiere que os conozcáis mejor. Me ha dado permiso para cortejarte.
-¡Yo pensaba que quería casarse conmigo!
-Lord Craft quiere que os conozcáis mejor antes de hacer público el compromiso.
                           ¿Y seré capaz de hacerle feliz?, se preguntó Charlotte así misma. Sintió una dolorosa presión dentro de su pecho.
                            Había sido una tonta por confiar en Alexander. Cierto era que aquel canalla no había intentado sonsacarle información. Lo que había pretendido era todavía peor.
                            Intentaba hacerla simpatizar con Napoleón. ¿Acaso se había vuelto loco? En realidad, la que estaba loca era Charlotte.
                            Se había vuelto loca de amor por él. Le había entregado todo cuanto poseía, desde su corazón hasta su alma pasando por su virtud.
                           Por suerte, no se había quedado embarazada. Habría sido espantoso para ella tener un hijo siendo soltera y, encima, de un traidor. Aquella palabra funesta no paraba de resonar en su cabeza de forma martilleante.



                               Charlotte sintió un fuerte dolor de cabeza.
                              Le ocurría siempre que pensaba en Alexander. ¿Por qué seguía pensando en él después de todo lo que había ocurrido?
                              ¿Qué podía hacer para dejar de amarle?
                              Charlotte se puso de pie y le pidió permiso a su padre para retirarse. Éste se lo concedió. Charlotte se dirigió a la puerta con paso tambaleante.
                              No se cayó al suelo de milagro. Sin embargo, para su sorpresa, cuando abrió la puerta encontró a Melinda. Su prima había estado escuchando con la oreja apoyada en la madera. Melinda había querido alegrarse por Charlotte. Pero se dio cuenta de que algo raro le ocurría a su prima. Estaba mortalmente pálida.
                              Le cogió las manos con cariño.
-Tío Héctor tiene razón-afirmó Melinda-Vas a casarte con el mejor partido de toda Inglaterra. Y, además, es un hombre muy bueno.
-¡Oh, Mel, hay cosas que tú no sabes!-se lamentó Charlotte-Y no es bueno que las sepas.
-Puedes contármelas. ¡Te juro que no le contaré nada a tío Héctor!
-No lo entenderías.

jueves, 12 de marzo de 2015

UNA BONITA ISLA EN EL RÍO TÁMESIS

Hola a todos.
Hoy, os presento el lugar donde se desarrolla Ecos del pasado. 
Os presento The Lynch, una bonita y pequeña islita situada en el río Támesis a su paso por el condado de Berkshire.
The Lynch es un lugar tranquilo, lleno de árboles y donde viven pocas personas. Al menos, en apariencia.
Es el lugar donde la familia Stanyon vive. La vida de la joven Charlotte transcurre con normalidad. Al menos, también en apariencia.
¿Qué os parece The Lynch?

 Foto The Lynch, la islita donde vive Charlotte.

Me he dado cuenta de cómo funciono mejor. De en qué he fallado a la hora de desarrollar esta historia. Yo pensaba a lo grande. Pensaba en escribir un novelón. Me iba por los Cerros de Úbeda, como se suele decir. Y me quedaba bloqueada. No sabía cómo continuar. He llegado a la conclusión de que es mejor escribir una historia sencilla y con su dosis de romance que complicarme la vida.
Y me he complicado mucho pensando en esta historia.
Los protagonistas serán Alexander y Charlotte y ya está. También habrá otros personajes secundarios, pero los justos.
Me siento contenta con esta historia tal y como la he planeado. Estoy muy motivada y quiero sacarla adelante. Quiero hacer bien las cosas.
Deseo de corazón que disfrutéis con todo lo que queda, que todavía es mucho. Pero mi intención es que Ecos del pasado termine antes del verano.

miércoles, 11 de marzo de 2015

LADY CHARLOTTE STANYON

Hola a todos.
Hoy, os quiero presentar a la protagonista de Ecos del pasado. La que va a ocupar todo el protagonismo de la historia de verdad, quiero decir.
Se trata de lady Charlotte Sophia Stanyon.
Charlotte es la hija de un noble rural. Vive un tanto aislada del mundo junto con su padre viudo y su prima Melinda en una tranquila islita. Charlotte y Melinda están tan unidas como pueden estarlo dos hermanas. Y ése es el cariño que ambas se profesan. Charlotte es una joven de carácter tranquilo y sereno. Admira realmente a Melinda. Le gusta mucho leer novelas de amor. Fantasea con la idea de conocer Londres. Pero, por otro lado, le aterra abandonar el lugar donde vive. Su padre apalabra su matrimonio con un aristócrata mayor que ella. A sus dieciocho años, la vida de Charlotte no ha sido todo lo tranquila que debería. Un año antes, se enamoró. Lord Alexander Cranleigh, el joven marqués de Charleston, entró en su vida con la fuerza de un huracán. Los dos se enamoraron sinceramente. Sin embargo, las simpatías de Alexander hacia los franceses les separaron. Alexander se puso al servicio de Napoleón (y no es un agente doble). Y Charlotte decidió alejarse de él. Sin embargo, a pesar de todo, no ha podido olvidarle.
He imaginado a Charlotte con el rostro de la actriz Anne Hathaway cuando interpretó a la inolvidable Jane Austen en la película La joven Jane Austen. 
Por sus rasgos, coincide en cómo me imagino yo que sería Charlotte. Una joven de piel blanca, ojos claros, rasgos armoniosos y cabello de color castaño oscuro.
¿Vosotros qué pensáis?

  Y así es como me imagino yo a lady Charlotte Stanyon.

martes, 10 de marzo de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Lo prometido es deuda.
Espero poder subir una entrada diaria hasta poder terminar Ecos del pasado. ¡Y queda mucho por ver todavía!
Deseo de corazón que disfrutéis de esta intensa historia.
Empecemos.

ISLA DE THE LYNCH, EN EL RÍO TÁMESIS A SU PASO POR EL CONDADO DE BERKSHIRE, 1800

                        Desde la muerte de sus padres, lady Melinda Stanyon vivía con su tío paterno, sir Héctor. Éste era viudo desde hacía algunos años. Sólo tenía una hija, Charlotte, prima de Melinda. 
                         Melinda permanecía sentada a la orilla del río Támesis, sobre la hierba. Contemplaba con gesto pensativo el cauce del río. 
                         El sonido del mismo parecía querer decirle algo. Melinda no lograba quitarse de la cabeza la ruptura de su compromiso. El hombre con el que iba a casarse, el hombre del que estaba enamorada, había decidido que no quería pasar el resto de su vida a su lado. 
                         Las lágrimas rodaron por las mejillas de Melinda. Una enorme sensación de frustración se apoderó de ella. Nunca me casaré, pensó con tristeza. Me quedaré soltera y me dedicaré a cuidar de tío Héctor hasta que se muera. Y, entonces, ¿qué será de mí? 
                         Melinda había puesto todas sus esperanzas en aquel futuro compromiso. No en vano, el hombre del que se había enamorado era un duque. Su compromiso había sido secreto durante meses. 
                         Aquel hombre era algo mayor que Melinda. Pero se sentía atraído por la joven.
                         La había conocido un año antes.
                         Melinda había viajado a Londres para tener su puesta de largo. Tuvo la enorme suerte de ser invitada a un baile que se celebró en Almacks, club del que sir Héctor se hizo socio aquel mismo año.
                         Melinda ya había sido presentada en la Corte. Y la Familia Real le había causado un hondo desasosiego.
                         Él estaba a la búsqueda de esposa. No lo disimulaba. Le había comentado a sus amigos que necesitaba casarse. Quería una esposa rica.
                        Acudió también a aquel baile. Y conoció a Melinda. La joven estaba hablando de manera animada con una conocida matrona. Sabía ganarse a la gente.
                         Se quedó mirando durante un largo rato y de forma descarada la figura de Melinda. Se dio cuenta de que debía de ser su primera temporada en sociedad. Poseía una esbelta figura. Estaba muy bien proporcionada. De todas las jóvenes en edad casadera que había en Almacks, era ella la más hermosa de todas.
                          Se le acercó. La invitó a bailar. Y supo que su presencia la había cautivado.
                          Su piel era blanca como la leche. El cuello de lady Melinda era largo y esbelto. Su cabello era de color dorado y rizado de forma natural. Sus ojos lo miraban con timidez, incapaz de creerse lo que le estaba ocurriendo.
                          Al terminar la pieza, la besó en la mano. 
                         Detrás de uno de los árboles que crecían en The Lynch, le había robado su primer beso. Y la había besado muchas veces después de aquello.
                          No sólo eso...Melinda se puso roja como la grana al recordarlo.
                         Pudo haber caído en sus brazos.
                         La forma en la que la besó y la acarició detrás de uno de aquellos árboles estuvieron a punto de hacerle perder la cabeza. Había tanta pasión aquellos besos. ¿De verdad un hombre podía acariciar de un modo tan íntimo a una mujer?
                          Ella se negó. Y él se dio cuenta de que había estado a punto de cometer un terrible error. 
                         Pero ni la ingenuidad ni la belleza de Melinda sirvieron para retenerle a su lado. 
                         En aquel momento, apareció su prima Charlotte. 
-Está empezando a refrescar-comentó la joven-Deberías regresar a casa. La criada ha encendido la chimenea en el salón. Y, honestamente, pienso que no es bueno que estés sola. 
-Voy a estar sola durante el resto de mi vida, Charlie-se lamentó Melinda. 
                         Su prima la ayudó a levantarse. 
-Ese hombre era un bastardo malnacido-afirmó Charlotte con rabia-No te merecía. 
-¡Pero yo le amo!-replicó Melinda, al borde de las lágrimas. 
                          Charlotte la abrazó con cariño. 
                         Le dolía en el alma ver a su prima en aquel estado. 
-Pues deberías de hacer algo para empezar a olvidarle-propuso-Pensar en otras cosas. Mi padre buscará un buen partido para ti que te hará olvidar a ese sinvergüenza. No te preocupes, Mel. 
-Tú te casarás y yo me quedaré a cuidar de tío Héctor-auguró Melinda-No me importa quedarme soltera. No volveré a enamorarme nunca más. 
-¡No digas eso!
-Es la verdad. 
                               Las dos regresaron a casa lentamente. 



lunes, 9 de marzo de 2015

TERMINAR "ECOS DEL PASADO" COMO SEA

Hola a todos.
Estoy a la caza y captura de relatos que tengo a medias y éste es el relato que más me está tocando las narices porque lo he empezado y nunca he sabido cómo seguirlo.
Quiero que vea la luz de una vez por todas, aunque, para ello, tenga que hacer una entrada todos los días.
Claire, Paul y Joanna, los personajes originales, aparecerán y tendrán su cuota de protagonismo.
Pero es una historia que arranca a principios del siglo XIX y sigue a una familia durante varias generaciones.
Todo comienza con una boda por amor entre la joven lady Charlotte Stanyon con lord Alexander Cranleigh, marqués de Charleston. Cuenta la historia de las descendientes de ese matrimonios, de cómo el amor llega a su vida y de cómo lo viven, con pasión, con alegría, pero también con pesares. Y, sí, Claire y Joanna son descendientes de lord Alexander y de lady Charlotte. No diré en qué grado.
Entre medias, el misterio de un bebé abandonado (Anthony) se entremezclará con la historia de esta familia.
Me lo he tomado como si escribiera el guión de una telenovela. Estoy siendo exagerada, pero es que esta historia tiene que ver la luz con su principio, nudo y desenlace o sé bien que no viviré tranquila. Y no, no estoy exagerando.
Desde mañana y a lo largo de todo el día, veremos cómo se desarrolla Ecos del pasado. 
Todo lo que he escrito anteriormente que he descartado me puede servir a la larga para escribir otras cosas.
No pienso dejar de escribir esta historia porque ha llegado a un punto en el que o le doy una solución a esto o no se la daré nunca.
Si os gustan los lugares pequeños, ya sean pueblos o islas, tendréis de esto aquí. Justo con buenas dosis de romanticismo...


 De momento, aquí tenéis a Alexander y a Charlotte.