viernes, 20 de marzo de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Hoy, me gustaría dedicar este fragmento de Ecos del pasado a una gran amiga.
Se trata de Anna.
Anna, este fragmento te lo dedico. Tú también me has animado a que termine todo lo que empiezo y te lo agradezco de corazón. Es un consejo muy sabio que me ha ayudado mucho.
Eres una de las artífices de que esta blog novela olvidada pueda tener un final. ¡Y va a tener un final!
Un fuerte abrazo y un millón de gracias por todo.

                                        Charlotte leyó para sus adentros la carta que había recibido de Lord George.

                       Estoy pasando unos días en Newbury. No sé cuándo regresaré. Te echo mucho de menos. 
                      Pienso mucho en ti. 

                      Charlotte estaba sentada en su cama. Terminó de leer la carta. Lord George era la clase de hombre que le convenía. No sólo por su título...A su lado, Charlotte se sentiría protegida y segura. La pasión nunca es buena, pensó. En aquel momento, unos golpecitos en la puerta la sacaron de su ensoñación. Era Melinda.
-¿Puedo pasar?-le preguntó su prima.
-Adelante...-respondió Charlotte.
                       Melinda entró en la habitación. Se fijó en que su prima estaba leyendo una carta.
-Me ha escrito mi prometido-le explicó-Va a pasar unos días en Newbury.
                         Melinda se acercó a Charlotte. Le dio un cariñoso abrazo. En su fuero interno, sabía que Charlotte estaba cometiendo un error.
-Lo último que quiero es que te arrepientas de lo que vas a hacer-le dijo.
-No me arrepentiré-le aseguró Charlotte.
                       Melinda se separó de ella. Se sentó a su lado en la cama. Charlotte dejó la carta que estaba leyendo encima de su mesilla de noche.
-Nadie que conozco se ha casado nunca por amor-afirmó la joven-No creo que yo sea una excepción.
                      Melinda meneó la cabeza en sentido negativo. Charlotte no estaba enamorada de su prometido. Eso era algo que no se podía negar.
-Si mis tíos insisten en casarte con él, es que son ciegos-sentenció con rotundidad-Tienes que pensar en lo que tú sientes.
                        De sobra sé lo que siento, pensó Charlotte. Y estaba luchando con todas sus fuerzas contra aquel sentimiento.
-No eres ninguna cobarde-prosiguió Melinda-Me resisto a creer que sigas decidida a renunciar a lo que sientes. A casarte con un hombre al que no amas.
                       Charlotte también sabía que Lord George no la amaba. Su matrimonio estaría basado en una unión en la que no habría amor. Podían vivir así durante algún tiempo. Sin embargo, Charlotte sabía que aquel matrimonio acabaría fracasando antes o después.
-No quiero sufrir por amor-le confesó a Melinda-Y tampoco quiero vivir en un matrimonio en el que no haya amor. No sé qué hacer. Y tengo mucho miedo.
                       Melinda suspiró.
            Por desgracia, sabía lo que era estar enamorada. En el caso de Melinda, su amor nunca fue correspondido. Su prometido la había abandonado. Aquella herida era demasiado reciente. Todavía sangraba el corazón de Melinda al pensar en ello.
No sabía qué hacer para aconsejar a Charlotte. Deseaba con todas sus fuerzas ayudarla.
-Escucha a tu corazón-le aconsejó.
-Puede que eso no sea suficiente-se lamentó Charlotte.
-Debe de ser suficiente. Hazme caso, Charlie. Te conozco demasiado bien. No estás enamorada de lord Craft. Es Alexander el que sigue viviendo en tu corazón. El corazón de una persona no entiende de ciertas cosas. No ve traidores. Ve amor.

 

-La gente nos haría la vida imposible a los dos por culpa de esas estúpidas ideas. Alexander no lo entiende. ¡Sigue siendo leal a Boney!
-No comporta las ideas de Alexander. Pero le admiro. Admiro que quiera ser leal a aquello en lo que cree. 
-¿Aunque sea perjudicial para nuestro país?
-Para nuestro país son perjudiciales otras cosas. 
                        Los ojos de Charlotte se llenaron de lágrimas. 
                        Muchas noches, se despertaba sintiendo los labios de Alexander posándose con suavidad sobre sus labios. 
                        Entonces, le llamaba. Pero Alexander no estaba en su habitación. 
                        Lord George hablaba de ingresar nuevamente en el Ejército. De ir a Francia a luchar si era preciso. 
                        Era un verdadero patriota. No era como Alexander. ¿Por qué no lograba sacarse a aquel hombre de la cabeza? 
-Hazme caso-insistió Melinda.
                                     

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