sábado, 20 de junio de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Ecos del pasado. 
Veamos qué ocurre después de haber hecho el amor Charlotte y Alexander.

                                   Charlotte fue la primera en vestirse cuando recuperó el ritmo normal de su respiración.
-Ha sido un error-le dijo a Alexander sin atreverse a mirarle a la cara-No debe de volver a repetirse.
                                Se vistió nuevamente. Había en su cuerpo las señales de los suaves mordiscos que el joven había depositado en su carne.
                                 No quería pensar en eso. Charlotte quería sentir arrepentimiento.
                                Alexander la contempló mientras se vestía. Llevaba suelto el cabello. Sus labios estaban hinchados por los besos que él le había dado. Y le parecía que estaba más bella que nunca.
                                 No quería pensar en nada más allá de lo ocurrido en aquel salón. Charlotte había vuelto a ser suya.
-Por favor, huye conmigo-le rogó una vez más.
-¡No pienso ir contigo a ninguna parte!-replicó Charlotte.
                               Trató de apartar de su mente lo que acababa de ocurrir en el sofá de aquel salón.
                               Alexander besando su cuello. Alexander devorando con su boca uno de sus pechos. Mordisqueando el lóbulo de su oreja.
-¡Esto no ha ocurrido!-añadió, alterada-¡No ha debido de haber pasado! Voy a casarme con lord Craft. ¡No puedo seguir actuando como tu ramera! Si quieres irte con ese cerdo de Napoleón, por mí, te puedes ir al mismo Infierno. ¡Y olvidarme!
-No estás hablando en serio-negó Alexander con tristeza y con dolor en la voz-¡Tú no eres mi ramera! ¡Eres mi vida, Charlie!



                               La joven estaba a punto de ponerse el corpiño cuando Alexander se acercó a ella.
                              Cuando se quiso dar cuenta, la estaba besando. La estaba besando con tanta pasión que Charlotte pensó que se iba a marear. Él todavía estaba desnudo.
                               De pronto, Charlotte sintió cómo depositaba pequeños besos en su cuello y pensó que acabaría entregándose nuevamente a él. Su cuerpo se lo pedía. Su corazón se lo exigía. Su alma clamaba por él.
                                Entonces, oyó pasos. Tuvieron que separarse a toda prisa cuando el mayordomo anunció que lady Melinda Stanyon estaba allí. La prima de Charlotte había ido a buscarla porque era casi la hora de cenar y sir Héctor podía empezar a sospechar.
-Charlie...-susurró Melinda, atónita.
                             Aturdida, la aludida alcanzó a separarse de un sorprendido Alexander. No le dio tiempo a despedirse de ella. Charlotte cogió su corpiño.
                             Tanto la joven como Melinda abandonaron a toda prisa la residencia del joven marqués de Charleston. Melinda estaba perpleja. Se detuvieron para que Charlotte se pusiera el corpiño. Pero había muchas cosas que quería preguntarle a su prima.
-No te voy a juzgar-le prometió con sinceridad-En el corazón, nadie manda. Sólo nos dejamos llevar cuando aparece el amor.
-No volverá a pasar-le aseguró Charlotte-No quiero que lord Craft descubra que he sido la ramera de un traidor.
-Lord Charleston...No se ha limitado sólo a besarte. Ha hecho mucho más que besarte. No quiero ofenderte con mis preguntas.
                          Siguieron caminando. Charlotte temblaba con violencia.
-Todo mi ser...-atacó-No sé cómo explicarlo.
-He estado enamorada-le recordó Melinda-Sé lo que se siente. Tú tienes la enorme suerte de que tu amado te corresponda.
-¡Es un traidor!
-Defiende unos ideales. Tiene mi respeto.
-¡Melinda, me niego a creer lo que estoy oyendo!
-Charlie, la guerra divide a las personas en bandos. Pero no dejan de ser personas que sienten y aman. Traidores, ingleses, franceses, prusianos. Todos ellos tienen sus sentimientos. Sufren. Lloran. Se ríen. Y aman. Lord Charleston no es ninguna excepción. Te ama de verdad. Lo veo en sus ojos. Y tú también lo amas. Cometerás un terrible error si te casas con lord Craft. Por muy patriota que sea, no es el hombre que tu corazón ha escogido.
-No...Mel...Yo...
                        Las lágrimas comenzaron a rodar sin control por las mejillas de Charlotte. Su prima tenía razón.
                         Sin embargo, no sabía que hacer. Su corazón y su cabeza estaban librando una ardua batalla.

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