miércoles, 3 de junio de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Para no perder las buenas costumbres, aquí os traigo un nuevo fragmento de Ecos del pasado. 
Veamos cómo tiene lugar el reencuentro entre Alexander y Charlotte.
¿Qué pasará entre ellos?

                            Fueron las constantes súplicas de Melinda las que acabaron minando la resistencia de Charlotte. Tomó la decisión de que vería por última vez a Alexander.
                            De pronto, se vio así misma por la tarde a la orilla del río Támesis. Llevaba puesto un vestido de color oscuro. Todo el mundo dormía profundamente en la isla. Era la hora de la siesta. Muchos de sus vecinos dormían la siesta. Incluida, su prima Melinda. Aquella tarde, le dijo a su padre que se retiraba a descansar un rato a su habitación después de comer. Logró salir de casa sin ser vista.
-No pienso volver a verle nunca más-le aseguró a Melinda cuando se retiraron a sus respectivas habitaciones.
-Estás haciendo lo correcto-le aseguró su prima-Aún sigues enamorada de él.
                           Era la única que sabía lo que iba a hacer. Por mediación de ella, le envió aquella nota a Alexander. En ella, le citaba en la orilla del río Támesis a la tarde siguiente. Antes de la hora del té...
                            El corazón de Charlotte golpeaba con fuerza dentro de su pecho. Iba descalza. No dejaba de caminar de un lado a otro. Pensaba en su padre. ¡Se sentiría tan decepcionado si llegaba a enterarse! Había sido la amante de un traidor. De alguien que apoyaba a Napoleón ciegamente. ¿Y qué diría lord George? No quería ni pensarlo.
                            Alexander no había llegado cuando Charlotte llegó al lugar de encuentro. Sin embargo, no tardó en aparecer.
                            Un nudo se formó en la garganta de la joven cuando Alexander, sin decir nada, avanzó hacia ella y llenó de besos su cara.
                            Tenían la sensación de que habían pasado siglos desde que se vieron por última vez.
                            Cuando los labios de Alexander se posaron sobre sus labios, Charlotte se apartó de él.
-Voy a casarme con lord Craft-le recordó con frialdad.
                             Debía de fingir frialdad. Después de todo, Alexander era un traidor. Aquella palabra maldita sonaba una y otra vez en su mente. La luz del Sol iluminó el rostro de Alexander. Charlotte sintió el deseo de echarse a llorar. A pesar de todo, no dejaba de ser el hombre que más amaba en el mundo. El joven empezó a hablar. Le reiteraba una y otra vez lo mucho que la quería.
-¡Por favor, no sigas hablando!-le rogó Charlotte, interrumpiéndole.
                           Alexander no estaba dispuesto a renunciar a sus ideales por ella y, lo que era peor, en el fondo, Charlotte pensaba que algo de razón tenía.
-Vente conmigo a Francia-le pidió Alexander a bocajarro.
                           Era una idea sobre la que llevaba mucho tiempo reflexionando. Quería ponerse al servicio de Napoleón. Incluso, le había comentado a Valiant sus planes. Naturalmente, su amigo se había puesto hecho un basilisco con él cuando se lo contó.
-¿Te has vuelto loco?-le increpó Charlotte incrédula.



                                Una parte de ella quería irse con él. Quería acompañarle en su viaje a Francia. Incluso, quería ayudarle en lo que pensaba que era justo. Sin embargo, iba a casarse con lord Craft.
-¿No te das cuenta de lo que me estás proponiendo?-le espetó indignada.
                             La cólera se había apoderado de Charlotte. Pero no estaba furiosa con Alexander. En realidad, con quién estaba furiosa era consigo misma. No sabía qué hacer para olvidar a aquel joven.
-Charlie, tú todavía me amas-contestó él con dulzura-Lo puedo ver en tus ojos.
                         Ella quería apartarse de él.
                         Quería regresar corriendo a su casa. Buscar un lugar donde sentir que Alexander estaba lejos de ella. Pero, ¿cómo podía pensar en eso si Alexander siempre estaba en su cabeza? Era el dueño de su corazón.
-Tan sólo te pido que nos demos otra oportunidad-añadió él.
                        Era paciente. Tan sólo se trataba de hacerla entrar en razón. Hacer que viera que no podían estar separados.
-Lo siento, pero no puedo hacer lo que me pides-se negó Charlotte-Tan sólo quiero olvidarte y que tú me olvides.
                         Contra su voluntad, una lágrima rodó por la mejilla de la joven.
-¡Tú me amas!-casi gritó Alexander lleno de desesperación-¿Por qué no lo quieres reconocer, Charlie?
-Porque eres un traidor-contestó ella con la voz ahogada. Al mismo tiempo, le aferró con furia de los brazos-¿No te das cuenta? ¿Sabes lo que le hacen a los traidores? ¿Sabes cómo terminan?
-¿Acaso temes por ti? ¿Temes lo que te pueda pasar? No te pasará nada, Charlie. Estoy aquí para protegerte. En el fondo, piensas igual que yo.
-No temo por mí. ¡Temo por ti! ¿Y si te arrestan? ¿Y si te matan?
-No dejaré que eso pase.
-¡Pero te pasará y no quiero que te hagan daño! Alex...Yo...
                          Había dejado aflorar lo que realmente sentía. Perder a Alexander sería igual a matarla.
                          Los sollozos sacudieron el cuerpo de Charlotte. De pronto, Alexander pareció entender muchas cosas.
                            Entendía los miedos de la joven que era su vida.
                           Tomó entre sus brazos a Charlotte y la besó con intensidad, intentando consolarla y haciéndole ver que era su mundo.

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