jueves, 11 de junio de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
En el fragmento de hoy de Ecos del pasado, asistiremos a un nuevo encuentro entre Charlotte y Alexander.
¿Qué pasará entre ellos?

-Es la última vez que nos vemos-le advirtió Charlotte a Alexander cuando llegó a su altura-Mi prometido puede enterarse.
                              Alexander le había hecho llegar a Charlotte una nota por mediación de Melinda. En ella, lo citaba en su casa por la tarde.
-No debería de haber venido-añadió Charlotte.
                               La nota le había llegado por la noche. El encuentro tuvo lugar a la tarde siguiente.
                               El mayordomo de Alexander la hizo pasar al salón.
                               El joven estaba de pie junto a la chimenea encendida esperándola.
                               Cuando se acercó a besarla en los labios, un escalofrío recorrió el cuerpo de Charlotte.
                                No sabía bien lo que estaba haciendo. En realidad, sí sabía bien lo que estaba haciendo.
-Quieres que estemos juntos, Charlie-le aseguró Alexander.
                                 Ella deseó poder apartarse de él. Salir corriendo de aquella casa. Pero había algo que la tenía paralizada. No era capaz de separarse de Alexander. Ni siquiera era capaz de apartar su vista de él. Sus ojos recorrieron el rostro del joven al que amaba por encima de todas las cosas. La palabra traidor resonó con fuerza en su mente.
                                 Quería ver a Alexander como lo que era realmente. Era un traidor a su país, Inglaterra.
                                 ¿Qué era lo que quería? Desea morir, pensó Charlotte con angustia.
                                 Había muchos jóvenes que obraban igual que él. Se entregaban a causas nobles, pero que sabían perdidas de antemano.
-No necesito a un cabeza loca-replicó Charlotte-Lo que quiero es a un hombre cabal a mi lado.
                                Lord George era lo que ella necesitaba. Lord George era un hombre sereno que jamás se metería en líos.
-¿Y tú crees que tu prometido te hará feliz?-le preguntó Alexander con furia contenida.
-Es un patriota-respondió Charlotte-Ama a su país.
                                 Alexander también amaba a Inglaterra. Por el amor que le profesaba a su patria, sabía que la Familia Real estaba siendo nefasta. Habían perdido las Colonias que tenían en América del Norte.
                                 El Rey era un pobre loco. ¿Y se podía decir algo bueno acerca del Príncipe de Gales?
-¿Crees que las cosas irán bien si el Príncipe de Gales llega a reinar?-interrogó a su amada-Sólo se preocupa de sí mismo y se rodea de una camarilla de aduladores que no le están haciendo nada bien. Brummel está ascendiendo sólo porque asesora al Príncipe en ropa. ¡Eso es lo único que le importa!
                              Charlotte se abstuvo de decirle que eso no era del todo cierto. Prinny también se preocupaba por María Fitzherbert. ¿Quién nos va a reinar?, pensó la joven con angustia. Estaban entre un pobre loco y un maldito egoísta. Otra vez debía de darle la razón a Alexander.



                                Se rebeló contra tales pensamientos. El Rey Jorge lo había hecho lo mejor que había podido. Y el Príncipe George lo haría lo mejor que pudiera.
-Tendremos un buen Rey cuando muera Jorge-replicó Charlotte-Lo que pasa es que eres un cabezota.
                            En realidad, era ella la que estaba siendo cabezota. Se estaba negando así misma la oportunidad de ser feliz. Quiso apartarse de Alexander, pero era incapaz de moverse. Era como un imán que la atraía hacia él.
                            Era como un fantasma que habitaba cerca de ella. A su lado...
                            Era como el aire que respiraba. Tan necesario para vivir. Una lágrima rodó por la mejilla de Charlotte. Pensar en estar lejos de aquel hombre la destrozaba.
-Alex...-susurró con la voz ahogada.
                          El joven se acercó a ella y empezó a llenar de besos su cara.
-Charlie...-le rogó mientras la llevaba al sofá-Deja que te demuestre lo mucho que nos amamos. Ven conmigo, Charlie. No me alejes nunca más de tu lado.
                             La joven no podía hablar. Tan sólo podía sentir.
                             Sentía las manos que le quitaban de forma apresurada su vestido casi al mismo tiempo que se desnudaba así mismo.
                              Sintió los labios de Alexander que no dejaban de besar una y otra vez sus labios de manera larga y densa. Aquellos besos estaban cargados de verdadero amor. De anhelo...
                              Sintió la lengua de Alexander recorriendo su esbelto cuello saboreándolo. Sus dientes mordisqueando con suavidad sus pezones.
                               Y oyó gemidos de placer que provenían de ambos.

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