martes, 12 de agosto de 2014

UNA ESCENA

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros una escena de una de las muchas historias incompletas que tengo y que me he propuesto terminar.
Me tomaré mi tiempo, pero pienso terminarla.
Esta historia transcurre en la década de 1840 en la isla irlandesa de Blankett, hoy deshabitada, pero que estuvo habitada hasta la década de 1950.
La traición de su prometida hace que lord Brandon , un joven aristócrata inglés, se embarque con destino a Nueva York con la intención de olvidar. Pero el barco en el que viaja naufraga y todos dan por sentado que Brandon ha muerto. Sin embargo, el joven no está muerto. Aparece malherido en una playa de la isla de Blankett. Los Blackwood, una adinerada familia de la isla, lo recoge, lo cura y lo cuida. Durante semanas, Brandon no recuerda quién es ni cómo se llama. Para él, sólo es real una cosa: el amor que empieza a sentir por Hester, la hija de los Blackwood.
Le falta terminarla. Le falta corregirla. Le falta ponerle un título, que tiene lo suyo. Le faltan mil cosas para que vea la luz de manera definitiva.
Pero sí sé que verá la luz antes o después.
La escena que hoy os traigo es bastante subidita de tono.
Aún así, espero que os guste.

                                   No era lo mismo, pensó Brandon.
-No quiero separarme de ti-le confesó a Hester.
-Por lo menos, nos quedará el recuerdo de haber estado juntos-admitió la joven con tristeza-No vamos a pensar en eso esta noche. Vamos a disfrutar de la playa. De que estamos juntos.
-Hester...
                                  Casi no recordaba lo que sentía cuando besaba a Lavinia. Lo que sentía cuando la abrazaba.
                                 Sentados en la arena de la playa, Brandon se acercó a Hester. Posó sus labios sobre los labios de la muchacha.
                                 Lo único que sentía real era la cercanía de aquella joven. El calor que despedía su cuerpo. Su suavidad...
                               Brandon recostó a Hester sobre la arena. Una ola de calor recorrió los cuerpos de ambos al tiempo que Brandon y Hester empezaron a desnudarse el uno al otro. Al quedar los dos completamente desnudos, volvieron a besarse y la lengua de Brandon invadió la boca de Hester. No podía pensar con claridad. Estaban los dos allí. En la playa...A la luz de la Luna Llena...
                              Se besaron muchas veces de manera apasionada. A cada beso que se daba, el mundo desaparecía. Se besaron con ardor. Los labios de Brandon abandonaron la boca de Hester para besarla en el cuello.
                              Para besarla en los hombros. Ella se aferró a sus caderas y lo atrajo aún más. Le deseaba. No...Le amaba.
                               Brandon alzó la cabeza para besar a Hester de nuevo en los labios. Su lengua no se cansaba de recorrer el interior de la boca de la muchacha. Sus labios deseaban apoderarse del sabor de los labios de Hester.
-Me casaré contigo-le prometió Brandon.
-No quiero que te cases conmigo porque te sientas obligado-le pidió Hester.
-No siento obligado a nada. Quiero casarme contigo porque te amo. Porque no soy capaz de vivir sin ti. ¿Comprendes?
                             La lengua de Brandon recorrió con lentitud los pechos de Hester.
                             Poco a poco, su cuerpo invadió el cuerpo de ella. Hester era virgen. Pero casi no sintió dolor.
                             Y empezó a moverse al mismo compás en que se movía Brandon. Se abrazó a él.
-¿Te he hecho daño?-le preguntó Brandon.
-Estoy bien-respondió Hester.
                             Le sonrió con dulzura. Brandon llenó de besos el rostro de Hester. Y sintió que la amaba más que nunca.

 


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