martes, 3 de junio de 2014

UNA REFLEXIÓN DE TINA

Hola a todos.
Seguimos con nuestros queridos Tina y Sean.
En esta ocasión, hago hincapié en el diario de Tina.
Éstas son sus reflexiones acerca de la Guerra de la Independencia, una guerra que le toca de cerca.

     5 DE MARZO DE 1812

           El estallido de la guerra había hecho que se diera cuenta de que había estado viviendo en una farsa. Todo el mundo parecía ser feliz…todo el mundo parecía quererse. Y no era cierto. En el frente, miles de hombres estaban muriendo a diario, víctimas de un disparo. Los pobres inocentes iban al frente después de que les prometieran la Gloria…Y lo único que conseguían era recibir un tiro que los mataba o los dejaba en una silla de ruedas, o en la cama de un hospital de campaña…
                  La gente ya no miraba a los demás con lupa. Estaban demasiado preocupados por salvar el pellejo que por lo que hacían o dejaban de hacer. Por mal que estuviera decirlo, en cierto modo, la guerra me ha hecho libre. Está mal que lo diga. Pero es así como me siento.
                 Recuerdo que Cliff, el marido de mi amiga Eleanor, se alistó en el Ejército porque deseaba luchar contra los franceses. Ya ostentaba un cargo de gran relevancia en el Ejército en la época en la que mi mejor amiga lo conoció. Era capitán. Y también era espía. Se mostraba reservad en aquel aspecto con Eleanor.                  Creía que estaba haciendo algo bueno por su país. De nada le sirvieron las súplicas de su madre y de su abuela para disuadirle. Estuvo en Inglaterra el tiempo justo para conocer a Eleanor. La cortejó de manera rápida. Su compromiso fue breve. Se casaron enseguida.
              Cliff acabó marchándose. De aquello hacía casi dos años. Durante el tiempo que estuvo en la trinchera, cayó enfermo. No había suficiente medicinas para tratarle. Y tampoco había comida. Hacia unos pocos meses, apareció muerto tras una noche de intensa nevada. A Eleanor le dijeron que su marido había muerto luchando, de una bala que le alcanzó en el pecho disparada por un alemán. Varios compañeros de su esposo le dijeron, tiempo después, que fue asesinado por un superior. Le descubrieron desertando y el superior le disparó. Aquella noticia afectó de manera muy profunda a mi mejor amiga. Su marido quería desertar porque no quería morir de hambre y de una enfermedad mal curada (una neumonía) en el frente. Su destino había sido muy parecido al de otros soldados. Yo había oído casos de muchachitos que eran enviados al frente de donde volvían medio locos, o con un brazo o una pierna amputados. Otros regresaban muertos. La vida era muy corta. Y la guerra la acortaba aún más. Por eso, he decidido vivir la vida. Y lo haré a su estilo.
                   La historia de la neumonía fue la historia oficial que le contaron a Eleanor. La realidad fue bien distinta.
                   Eleanor me lo contó a principios de año. Fue antes del inicio de mi relación con Sean.
                  Ya habían pasado los festejos de Navidad.
                  Eleanor y yo salimos a dar un paseo. Fuimos a Hyde Park Corner.
-¡Me han mentido!-me confesó Eleanor muy nerviosa.
-¿En qué te han mentido?-la interrogué.
                  Yo no sabía a qué se estaba refiriendo mi amiga. Eleanor estaba llorando.
-Me dijeron que Cliff había muerto de una neumonía y no fue así-contestó hipando-Se batió en duelo por una ramera. ¡Con un compañero de armas! ¡Me siento humillada!
-No puede ser-le dije, conmocionada-Tu marido era un héroe.
-¡Era un maldito putero! Fue un compañero suyo de armas el que me ha escrito contándomelo todo. Sólo Sean lo sabe.
-¡Tiene que estar mintiendo!
-Fue el compañero que le disparó y que le mató. Por lo visto, compartían la misma ramera mientras que se negaba a que yo fuera con él al frente siguiéndole. Estaban borrachos. Mi marido estuvo debatiéndose entre la vida y la muerte durante días. Por eso, me contaron la mentira de la neumonía. Estaba agonizando por una herida de bala.
                   Eleanor rompió a llorar.
-¿Estás segura de lo que dices?-le pregunté, incrédula.
                    Le tendí un pañuelo que saqué de mi bolso. Eleanor se secó las lágrimas con el pañuelo.
-La puta por la que se batieron a duelo vino a verme y también me lo contó-respondió con mal disimulado odio-Cliff me juró que me amaba. Me juró que no había otra mujer en su vida. ¡Y me mintió!
                    Apretó con rabia el pañuelo.
-Ellie, no lo sabía-le aseguré-Te juro que soy la primera sorprendida por todo lo que me estás contando. Yo sabía que tu matrimonio no había sido precisamente un matrimonio feliz. Cliff prácticamente te tenía encerrada en su casa solariega. Nunca pensé que sería un marido infiel.
                    Eleanor apretó los labios. Su cara reflejaba una honda amargura.  
                    No supe qué decir.
-¿Cómo te encuentras?-le pregunté, al cabo de un rato.
                    Nos detuvimos.
-Me encuentro mal-respondió Eleanor con tristeza.
-¿Y qué sientes en estos momentos?-inquirí.
-Siento una gran rabia. Una honda tristeza...Y mucho odio...

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