miércoles, 21 de octubre de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi blog novela Ecos del pasado recién sacado del horno, como se suele decir.
Estrenamos nuevo año: 1801.
¿Qué va a pasar?

                                       La mañana de Año Nuevo, Charlotte se asomó por la ventana de su habitación.
                                      Contempló la isla. Podía ver aquel lugar desde la ventana en todo su sencillo esplendor. Oyó una conversación que mantenían dos vecinas. Se estaban felicitando por el Año Nuevo.
                                     Las aguas del río Támesis bajaban tranquilas. La vida continuaba.
                                     Un nuevo año había comenzado y Charlotte estaba convencida de que aquel año sería el año de su boda. Lord Craft y ella se casarían.
                                     No había visto a su prometido en los últimos días. Sin embargo, le había llegado escrita de su puño y letra una carta en la que le felicitaba la Navidad. Por lo visto, había tenido que ausentarse más tiempo del previsto. Estaba en aquellos momentos en Chester.
                                    Se había despedido de ella dándole un fraternal abrazo.
                                    Lord Craft se pasaba media vida viajando. Como soldado, tendría que pasar mucho tiempo en el continente combatiendo al Ejército de Napoleón. Después, volvería a casa con una condecoración.
                                    Charlotte no quería vivir sola. Se colocó un chal de lana sobre los hombros, pues empezaba a tener frío.
                                    El cielo se había cubierto de densos nubarrones de color negro. Antes de que caiga la tarde, estará lloviendo, vaticinó Charlotte. En el jardín, se encontraba su prima Melinda intentando buscar alguna flor para colocar en su habitación. Esbozó una sonrisa.
-Estás perdiendo el tiempo, Mel-le advirtió.
-No todas las flores están secas-replicó la aludida-Habrá alguna flor que haya sobrevivido al otoño. ¿No crees?
-Estás pensando en tu Príncipe Azul. Eres la comidilla de toda la isla. Lord Moreland está enamorado de ti. Y quiere casarse contigo. Lo veo viniendo a esta casa a pedirle a papá que te dé tu mano en matrimonio.
-¡No digas tonterías, Charlie!
                                Melinda dio un paseo por el jardín. Escuchó el sonido de los pájaros que cantaban posados en las ramas de aquellos árboles secos. La vida en la isla seguía su curso habitual, pese a que había empezado un nuevo año. 1801.
-Buenos días...-saludó lord Moreland, entrando en el jardín-Celebro verte.
-¿Qué estás haciendo aquí?-se sobresaltó Melinda.
-He venido a verte.
-Te deseo un feliz año, Martin. ¡Ojala la vida te llene de alegrías este año! Eres un buen hombre.
                              Charlotte cerró la ventana.
                              Debía de respetar la intimidad de su prima. Sin embargo, se quedó mirando la escena que tenía lugar en el jardín. ¿Acaso le había llegado a Melinda el momento de ser feliz?
                             Se sentó en el alfeizar de la ventana. La mente de Charlotte no paraba de dar muchas vueltas. El recuerdo de Alexander acudió una vez más a su mente. Desde que no se veían, él le había escrito una carta de amor todos los días. Cartas que Charlotte escondía en el fondo del cajón de su mesilla de noche. Dorcas era una verdadera cotilla.
                              Pero estaba más interesada en la vida sentimental de Melinda que en la vida sentimental de Charlotte. Después de todo, Melinda había roto con su prometido. Y Charlotte...Era la futura esposa de lord Craft.
                              Charlotte contempló la escena que tenía lugar en el jardín. Vio los ojos de Melinda abrirse de manera desorbitada.
                               Martin se acercó aún más a ella y Charlotte imaginó que debía de estar hablándole de amor. Melinda no se había puesto el sombrero cuando salió al jardín. Sopló una ligera brisa que azotó los mechones de pelo que se escapaban de su moño. Martin la miró sobrecogido.
                             Melinda se asemejaba a las hadas de las que había oído hablar cuando era pequeño. Llevaba puesto un vestido de color blanco y parecía un ser venido de otro mundo. Lo que sentía por Melinda no lo había sentido nunca antes por nadie.
                             Martin era un joven increíblemente apuesto. Todo el mundo decía que era muy parecido al difunto lord Moreland. Tenía el cabello de color negro. Era alto. Era de una musculatura bien desarrollada. Todo él reflejaba vigor y carácter.
                            Hasta que se encontraba con Melinda. Sus buenos propósitos se iban al garete.
                            Cuando la joven se quiso dar cuenta, Martin la estrechó entre sus brazos al tiempo que llenaba de besos su cara. Finalmente, sus labios acabaron encontrándose en un beso cargado de voracidad por ambas partes.
                           Melinda se separó de Martin, sofocada.



-Estoy enamorado de ti, Mel-se sinceró Martin-No sé desde hace cuánto ni sé cómo ha pasado. Sólo sé que te amo. Y quiero que me des la oportunidad de hacerte feliz. Entiendo que es demasiado pronto.
-¡Todavía no estoy preparada!-replicó ella-Es cierto que ya he olvidado a mi prometido. Lo estoy superando.
-Te daré todo el tiempo del mundo, Mel. Sólo quiero que me des la oportunidad de hacerte la mujer más dichosa del mundo.
                            Melinda se metió corriendo dentro de casa. Charlotte estaba atónita. ¡El conde de Moreland estaba enamorado de su prima!

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