martes, 20 de octubre de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un fragmento de Ecos del pasado protagonizado por nuestras primas favoritas, lady Melinda y lady Charlotte Stanyon.
Parece que la suerte de Melinda está a punto de cambiar para bien.
¿Habrá un Príncipe Azul a la vista?

                                  Los condes de Moreland habían arrendado una casa en la isla donde habían pasado las vacaciones cuando sus hijos eran pequeños.
                                  El actual conde de Moreland, lord Martin, acudió solo a la casa. Su madre se había quedado en la casa solariega de la familia.
                                  Su hermana menor, Jane, había decidido ingresar en un convento. Una noticia que había pillado tanto a su madre como a su hermano por sorpresa.
                                 No obstante, Martin quiso celebrar la Navidad. Decidió celebrar una pequeña reunión en su casa. Sir Héctor, su hija y su sobrina fueron invitadas a dicha reunión.
                                Lord Martin estaba considerado como uno de los mejores partidos de todo el país. Tenía unos veintisiete años. Era un joven de carácter alegre, pero también era algo reservado.
                                 Tanto Melinda como Charlotte le habían tratado a lo largo de aquellos años. En realidad, quién había tenido más relación con él había sido Melinda. Jane y ella habían sido grandes amigas. Melinda se quedó sorprendida cuando Jane le comunicó que pensaba entrar en un convento.
                               La reunión que se celebró en la residencia del actual conde fue muy alegre. Acudieron muchos vecinos de la isla. Martin era un perfecto anfitrión. Se encargaba de hablar con todo el mundo. De hacerle sentir que era bienvenido a su residencia.
                                Estuvo conversando durante un rato con Melinda. Estaba al tanto de lo que le había ocurrido a la joven.
-Espero que te encuentres mejor-le comentó Martin.
                               Los dos estaban dando cuenta cada uno de un vaso de limonada.
-La verdad es que lo he pasado muy mal estos últimos meses-se sinceró Melinda-Todavía me duele pensar en él.
-No merece que sigas llorándole-opinó Martin-Se portó contigo como un miserable.
-Pero fue sincero conmigo. Creo que merecía saber la verdad.
-¿Cómo te encuentras? Dime la verdad.
-Si te soy sincera, me siento mejor. Ahora, veo que hizo bien en contarme lo que pasaba. Pudimos habernos casado. Yo lo quería muchísimo. Pero, a la larga, habría sido una desgraciada. Mi tío Héctor quiere buscarme un marido. Y yo...
-Harás lo que creas conveniente.
                            Existía una gran confianza entre Martin y Melinda. Después de todo, llevaban muchos años tratándose. Melinda le escribía largas cartas a su amiga Jane al convento donde había ingresado tiempo atrás. Era todavía postulante. Pero no tardaría mucho tiempo en convertirse en novicia.
-Veo muy buena sintonía entre lord Moreland y tú-observó Charlotte, acercándose a su prima.
                            Melinda se echó a reír. Tuvo que reconocer para sus adentros que Martin era un joven muy atractivo. Era elegante y bien educado.
                          Pero no existía ningún tipo de relación amorosa entre ellos. Le parecía algo imposible. Martin era un joven que había tenido una vida sentimental más bien discreta, pues no se le conocían amantes.
                          Y ella estaba recomponiendo los pedazos de su corazón, que aún estaba roto.
                          Empezó el baile. Melinda aceptó bailar la primera pieza con Martin. Era un excelente bailarín y Melinda se sentía muy cómoda estando con él. La hizo reír con sus comentarios durante la pieza. Melinda pensó en lo contenta que estaba de volver a verle. Le tenía mucho cariño.



                                Finalizó la pieza. Los dos se encontraban delante de una rama de muérdago.
-Hay que seguir la tradición-anunció Martin en tono solemne-Estamos debajo de una rama de muérdago. Ya sabes lo que hay que hacer.
                                Y, ante la sorpresa de Melinda, Martin la besó en los labios con mucha intensidad.
                                Charlotte no salía de su asombro ante lo ocurrido.
                                Al separarse de Martin, Melinda estaba visiblemente ruborizada. Cierto era que se trataba de una tradición. Pero había experimentado en su estómago sensaciones que creía que no iba a volver a experimentar nunca más. Tuvo que sujetarse a su prima cuando llegó a su altura porque pensó que se iba a desmayar.
-Has hecho una excelente elección, querida-intervino sir Héctor-Lord Moreland es uno de los mejores partidos del país. Posee muchas tierras. ¡Y no hablemos de su renta anual!

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