viernes, 28 de agosto de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Ecos del pasado. 
Tras algún tiempo sin subir ningún fragmento, me he animado a subir éste. Lo que quiero es poder encarrilar esta historia hasta que llegue a su merecido final, como corresponde.
¡Veamos qué ocurre entre Charlotte y Alexander!

-Ha vuelto-le susurró Melinda a Charlotte.
-¡No le mires!-le ordenó ésta.
-Pues no deja de mirarte, Charlie.
-¡No me importa! Me pone nerviosa cuando me mira así.
                             Sir Héctor estaba hablando con mister Flemming, el dueño de la casa.
                             Los Flemming estaban celebrando una pequeña fiesta para celebrar el cumpleaños de mistress Flemming.
                              Sir Héctor, Charlotte y Melinda habían sido invitados a la fiesta.
-Lord Charleston está enamorado de ti-afirmó Melinda.
-¡Voy a casarme con lord Craft!-le recordó Charlotte, alterada.
-Puedes romper tu compromiso con él. ¿Por qué no te das a ti misma una oportunidad? ¡Vete con lord Charleston!
-¡Me niego a seguir escuchándote!
                                 Charlotte detestaba discutir con Melinda.
                                 Decidió que era mejor estar sola. Había demasiada gente en el salón de los Flemming hablando.
                                 Algunas mujeres estaban hablando en voz baja de lord Valiant. Era el mejor amigo de Alexander y estaba considerado como un héroe nacional. Tenía demasiado éxito con las mujeres. Sin embargo, en aquel momento, estaba preso después de haber sido encontrado en la cama de una dama que estaba emparentada con el mismísimo Wellington. Una mujer casada...
                                Había anochecido. Charlotte buscó refugio en el jardín. Necesitaba despejar su cabeza.
                                Después de varios días de ausencia, Alexander había vuelto. Y seguía dispuesto a luchar por recuperarla. A atormentarla con su presencia.
-Vuelves a evitarme-le recriminó suavemente una cálida voz a sus espaldas.
                               Charlotte, sobresaltada, se dio la vuelta para encontrarse cara a cara con Alexander. Su corazón comenzó a latir con furia. Sus piernas temblaron ligeramente.
-¡Me estás siguiendo!-le echó en cara.
-No voy a parar hasta que no te haya recuperado-le recordó Alexander-Sé que tú todavía me amas. Y, en el fondo de tu corazón, piensas igual que yo. Es normal que tengas miedo.
                            Alzó la mano para acariciar con suavidad la mejilla de Charlotte.
                            Ella se estremeció con aquel contacto.
                             En el interior de la casa de los Flemming, el baile ya había comenzado.
-Yo no pienso igual que tú-se rebeló Charlotte, apartándose de él.
-¿Te gusta vivir siendo la esclava de alguien que no mira por su pueblo?-le interrogó Alexander-¿Sabes que el Príncipe de Gales está más preocupado por sus amoríos con mistress Fitzherbert que por aprender a ser un buen gobernante? ¿Qué clase de vida le espera al pueblo inglés de seguir por ese camino, Charlie?
-Una mala vida...Una vida miserable...
                              Charlotte se asustó al escucharse así misma hablar de ese modo. Quiso borrar aquellas palabras.
                             Alguien podía estar escuchándola. Podía detenerla allí mismo.
                             Alexander esbozó una sonrisa tranquilizadora. En el jardín estaban ellos dos solos. Nadie le haría daño. Estaba allí para protegerla.



-Me das la razón en eso, pero no admites que me amas-observó Alexander.
-¡No te doy la razón en nada!-exclamó Charlotte, consciente de que estaba mintiendo-El Príncipe George puede cambiar y ser un buen Rey. Aunque sea un maldito egoísta que sólo mira por sí mismo. ¡Pero eso no significa nada! Y yo...No...
-Dilo, Charlie. Di que no me amas.
-¡Maldito seas!
                              Lo siguiente de lo que Charlotte fue consciente fue de que Alexander la estaba abrazando con mucha fuerza. Y que sus labios se habían apoderado de sus labios. La estaba besando con tanta pasión que Charlotte lo único que hizo fue corresponderle.

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