miércoles, 2 de septiembre de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Y aquí sigo con un nuevo fragmento de mi blog novela "Ecos del pasado".
Hoy, veremos un nuevo encuentro entre Charlotte y Alexander, con Melinda como testigo.

                                      La vergüenza de aquel hombre no conocía límites.
                                      Charlotte sentía cómo todo su ser ardía de rabia.
                                      Estaba convencida de que Melinda había tenido algo que ver con aquel encuentro. Las dos habían salido a dar un paseo. De pronto, sin esperarlo, se vieron abordadas por Alexander.
                                      En realidad, quién se vio abordada por Alexander fue Charlotte. Melinda decidió que lo mejor que podía hacer era quedarse al margen. Puso una excusa acerca de que había visto a una de sus amigas. Y que iba a ir a saludarla.
-¡No me dejes sola con él!-le siseó Charlotte, irritada.
                                     Alexander besó la mano de Melinda.
                                     A continuación, la joven se alejó de allí. Les dejó solos. Charlotte fulminó a su prima con la mirada. Luego, hizo lo mismo con Alexander.
-Lo que ocurrió anoche no significó nada para mí-le escupió con furia-Puedo hacer eso mismo con cualquiera que se cruce en mi camino.
                                      Quería irritar a Alexander, pero no lo consiguió.
-Sé bien que eso no lo harías nunca con nadie que no sea yo-le aseguró el joven-A mí me pasa lo mismo. No podría hacer nada con otra mujer. Sólo estás tú en mi corazón y en mi cabeza, Charlie.
-He de sacarte de mi corazón-replicó la joven.
-¿De verdad lo crees? Dime una cosa. ¿En serio piensas casarte con lord Craft? No le critico su edad. No critico que sea un pelota del narizotas.
-¿El narizotas?
-El general Wellington...¡Por el amor de Dios, Charlie! ¿Te has fijado en la nariz que tiene?
-Sí...
                                      En contra de su voluntad, Charlotte estalló en carcajadas. Le resultaba imposible tomarse en serio al general Wellington. Cada vez que le veía, tenía la sensación de que había sido mal dibujado. Era cierto que el cónsul Bonaparte tenía fama de ser bajito. Pero la presencia del cónsul era imponente. En cambio, el general no parecía imponer ni siquiera respeto o miedo.
                                    Charlotte endureció el gesto. ¡No podía seguir pensando de aquel modo!
                                    No sólo volvía a ser la ramera de un traidor. ¡También era una traidora! Quiso mirar con odio a Alexander. Y, sin embargo, sólo vio a un héroe. A alguien que luchaba por cambiar las cosas.
                                    Un joven que, lejos de quedarse en su casa sin hacer nada, quería hacer algo. Era valiente. Tenía un ideal por el que valía la pena luchar.



                                 Movida por un impulso, Charlotte rodeó con sus brazos el cuello de Alexander y cubrió su cara de besos.
                                 Luego, sus labios se posaron sobre los labios del joven y lo besó con fuerza, poniendo en aquel gesto todo lo que sentía por él.
                                 Rabia...Amor...Admiración...

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