lunes, 10 de febrero de 2014

EN UNA PEQUEÑA ISLA...

Hola a todos.
Cuando uno sueña, puede ocurrir cualquier cosa.
Cuando uno imagina, puede inventar una historia.
Cuando la inspiración llega, no se puede detener.
Te dicta dónde ha de tener lugar una historia. Cómo han de ser los personajes. La época en la que debe de transcurrir.
No puedes reprimir la inspiración. Debes dejarte llevar por ella.
Aunque pueda parecer que las novelas románticas son todas repetitivas, sabemos que eso no es del todo cierto.
Todos los escritores ponemos algo en ellas que las hacen diferentes. Aunque tengan todas el mismo final feliz. Hay algo en las novelas románticas que han de hacer que se diferencien las unas de las otras.
Confieso que siento debilidad por los sitios pequeños. En especial, siento una gran debilidad por las islas. Una novela romántica que transcurra en Escocia no debe de limitarse sólo a contar las andanzas de los highlanders, aunque la idea pueda parecer atractiva, ya que las Highlands están en la frontera con Inglaterra y ello da pie a romances apasionados y prohibidos entre ingleses y escoceses. Hay que investigar otros parajes en los que pueda transcurrir una novela romántica en Escocia.
Edimburgo es una ciudad preciosa y llena de historia.
Hay archipiélagos en Escocia que son dignos de ver.
En España no sólo tenemos las islas Baleares y las islas Canarias. Tenemos también islas pequeñas y deshabitadas que tienen una historia a sus espaldas. Lugar de refugio para monjes...Territorio de piratas...
Incluso, esas islas estuvieron habitadas en el pasado.
Su historia merece la pena de contar.
Porque allí, de haber vivido gente, también habría sentido. Habría reído. Habría sufrido. Habría llorado. Habría gritado. Se habría sacrificado. Habría amado.
Donde hubiera vivido gente, habría habido sentimientos dignos de mención.



Archipiélago de las islas Cíes, en Galicia.

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