viernes, 15 de mayo de 2015

ECOS DEL PASADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Ecos del pasado. 
No creáis que me he olvidado de esta historia que tengo demasiado presente, ya que la considero como mi mayor reto.
Sólo espero que pueda terminarla algún día.
De momento, os traigo con este fragmento. Alexander quiere ver a Charlotte. El problema es que ella no quiere verle. Y no nos olvidemos de que va a casarse con lord George. ¿Qué pasará?

                                Charlotte se negó en redondo a encontrarse con Alexander. Ni siquiera le contestó a la carta que el joven le había escrito. No podía encontrarse a solas con él. Pensaba en los problemas que aquella relación, de salir a la luz, podían acarrearle.
                               La gente era capaz de señalarla como traidora. De acusarla de conspirar contra la Familia Real. Era algo exagerado.
                             Sin embargo, las personas eran muy dadas a la exageración. También estaba lord George. Charlotte iba a visitarle con mucha frecuencia.
-Tus visitas son mi mayor alegría, querida-solía decirle.
                            Era cierto que lord George era mayor que ella. Sin embargo, no existía mejor hombre que él.
-No veo la hora de que estemos casados-afirmaba.
                            Charlotte sentía asco al imaginar cómo sería su vida al lado de aquel hombre. Porque no era una joven virgen y pura.
                           A veces, imaginaba que lord George podía enamorarse de otra mujer. ¿Por qué no se había fijado en Melinda?
                          Sin embargo, su prima estaba superando poco a poco la decepción amorosa que había sufrido. Todavía le dolía hablar de su antiguo prometido. Y Charlotte respetaba su silencio.
                          Sin embargo, Melinda estaba preocupada por Charlotte. Sir Héctor no se había dado cuenta. Pero Charlotte no estaba bien. Melinda veía a su prima ojerosa. Y se había dado cuenta de que no comía.
                           Una tarde, Melinda estaba cortando rosas en el pequeño jardincillo que rodeaba la casa de sir Héctor.
                          De pronto, vio a alguien fuera de la verja que rodeaba el jardín escondido detrás de un árbol. Se acercó a ver de quién se trataba y se llevó una sorpresa cuando se dio cuenta de que era un joven muy atractivo y elegante. Melinda y Alexander se habían visto anteriormente porque Charlotte les había presentado.
-Debería de llamar a la puerta en vez de dedicarse a espiar, Excelencia-le regañó suavemente Melinda.
-Le ruego que me disculpe-se excusó Alexander-No quería molestarla, lady Melinda.
                           La aludida esbozó una sonrisa.
-Usted quiere ver a mi prima-observó Melinda.
                           No era ninguna pregunta. Estaba haciendo una afirmación. Melinda podía estar en contra de las ideas que tenía Alexander. Sin embargo, había aprendido a respetar las ideas de los demás. Además, a pesar de que Charlotte lo negaba con vehemencia, estaba enamorada de aquel hombre.
-Yo puedo ayudarle-se ofreció Melinda-Charlie es mucho más que mi prima. Y me horroriza que vaya a casarse con un hombre al que no ama. Lord Craft es un buen hombre. Pero Charlie no lo quiere. Y van a ser los dos unos desgraciados.
                           La única familia que le quedaba a Melinda eran su tío Héctor y su prima Charlotte. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de ayudar a su prima. Alexander valoró positivamente aquel gesto. Acababa de encontrar a una aliada en su deseo de recuperar a Charlotte.
-Si me ayuda a conseguir que Charlie vuelva a amarme, estaré eternamente agradecido con usted, lady Melinda-afirmó con vehemencia.
                         Cogió la mano de la joven y se la besó.
-Se equivoca-le corrigió Melinda suavemente-Charlie no puede volver a amarle porque nunca ha dejado de amarle.



                             Pensó que aquel joven debía de saber la verdad. De momento, le iría contando todo lo que decía Charlotte acerca de él. Se sentía como la alcahueta que podía aparecer en cualquier novela sentimental. Pero las alcahuetas hacen cosas buenas, pensó Melinda.
                         Ayudan a los protagonistas a que acaben juntos. Y yo hago eso. Haré eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada